Caso de estudio: Sailor Moon
Hablamos de “oriente” y “occidente” como si fueran mundos separados y, en esencia, lo son. A pesar de compartir un lugar en el mismo planeta, es la brecha cultural lo que realmente los define. Pensemos bien que incluso estas mismas etiquetas no hacen, quizá sí en un primer nivel evidente más no en lo simbólico, sólo referencia a la posición de estas naciones en el globo sino que esconde, dentro de su significación, la idea de dos polos en, a falta de mejor término, oposición.
Hablar de “oriente” y “occidente” es invariablemente abrir una puerta a la historiografía de culturas que mantienen un coloquio entre sí, no aisladas, pero cada una definitioria de su propia ideología y estructuras culturales que, en realidad, parten esencialmente “del otro”. Este contraste podemos verlo evidenciado en la incursión de los discursos de un Otro en la cultura del otro Otro y el proceso de censura, disfrazada de tropicalización, que experimenta dicho discurso.
Hablemos al respecto del caso Sailor Moon y su llegada a occidente. Proceso que todos los que fuimos audiencia sabemos que no está libre de censura.
La pareja homosexual invisible
Los 90’s en occidente quizá no fueron el periodo más gay-friendly y el atrevimiento de series como Sailor Moon o incluso productos más queer como Ranma 1/2 no fueron del todo bien acogidos por los gatekeepers mediáticos omnipotentes que filtraban qué podía y qué no aparecer en televisión.
En Sailor Moon tenemos dos casos que abordar: la bina Soizite – Malaquite y la pareja Uranus – Neptune.

Quienes vieron el anime en su transmisión original en los 90’s o que tengan un espíritu entusiasta y posean los capítulos del anime original, recordarán a Soizite, villano del primer arco y uno de los cuatro grandes del Negaverso como un personaje femenino.
Soizite, mujer aguerrida y fría, pero enamorada de su compañero Malaquite, es la única mujer en el conjunto de los cuatro grandes. Es despiadada y poderosa, claramente superior a Jaedite y Nefrite, pero esclava de sus pasiones por Malaquite. En el concepto original de Takeuchi, Soizite es un varón, general del Reino Oscuro y antiguo aliado del príncipe Endymion.

¿Por qué se dio entonces la reinterpretación de este personaje? En el anime, se desarrolla una clara relación afectiva entre Soizite y Malaquite, la cuál se traduciría en una relación homosexual de haber dejado a Soizite en el género y sexo asignados originalmente. Al llegar el producto a occidente se modificó para ocultar, no sólo el concepto de una relación homosexual entre hombres, sino también el de un hombre con apariencia y performance fundamentalmente femeninos.
En un giro curioso, casi cómico, Soizite y Malaquite (llamado Kunzite en el manga de Takeuchi) no tienen una relación afectiva de ningún tipo, sino que fue el mismo anime el que introdujo este evento como parte de las añadiduras hechas a la historia original, añadidura que sería censurada en su llegada a la pantalla.

¿Por qué existió esta pareja no canónica en primer lugar? Sería aventurarnos ya al terreno de las especulaciones y conjeturas: quizá para darle sabor al relleno, quizá para humanizar a los villanos, quizá para evitar presentar una lucha de géneros directa de hombres contra mujeres. La razón es una excusa, la carne del discurso cultural está en la censura aplicada a los aspectos queer de dicho evento.
El segundo caso de censura mayor dentro del anime original es la relación de pareja que llevaban dos de las Sailor Guardianas introducidas en el tercer arco: Sailor Urano y Sailor Neptuno. Ambos personajes estaban identificados, abordando tecnicismos, como mujeres. Urano quizá un poco más andrógina o, quizá utilizando una etiqueta operativamente inexistente de la época “no binaria”, mientras Neptuno femenina en demasía, pero el texto las mostraba como una pareja romántica, sexualizada incluso en momentos clave.

Para algunas de las transmisiones que llegaron a la televisión americana, Urano y Neptuno eran primas: muy cercanas, con roces sexuales y tendencias románticas, pero primas finalmente. El texto original de Takeuchiz% describe a Urano como “hombre y mujer a la vez”, en un juego queer bastante vanguardista para la época que la adaptación animada respetó, salvo ajustes clave, sin miramiento. Aún así, se desapareció todo rastro de lo que sería estructuralmente una relación lésbica, nuevamente, invisibilizando la homosexualidad efectiva, dejando sólo un discurso erótico atenuado, pero no una declaración de sexualidad per se.
Vemos a través de esta tropicalización del producto cultural la representación, o quizá mejor la “ausencia de esta” de la figura homosexual durante la década de los 90. Aclarando, claro, que nos referimos a la homosexualidad como expresión de sexualidad, no sólo en la sexualidad física, sino emocional. Es importante hacer esta distinción ya que Sailor Moon sí mantuvo elementos queer en su discurso, los cuales discutiremos a continuación.
Hombres y mujeres in between, una temprana visión de la transexualidad
Quizá una de las creaciones animadas, dentro del mainstream media de los 90’s, con un alto grado de transgresión sea la inclusión de las Sailor Starlight. Estas guerreras tenían la peculiaridad de ser hombres en sus formas civiles y mujeres en sus formas de Sailor Guardianas.
Si bien sería arriesgado clasificarlas como una visión punta de lanza de la transexualidad (como concepto de la transición de un cuerpo a otro), sí tienen un valor histórico importante al no sólo fomentar la visibilidad del género como un concepto transitorio (si bien el sexo es absoluto), sino también como una visualización positiva de personajes que integran ambos géneros en uno.
Curiosamente, esta representación de la transexualidad (en un concepto no de una vía, sino temporal como en Ramna 1/2) no sufrió una censura tan marcada como las representaciones de la relación homosexual. Nuevamente, entrando al plano de las conjeturas, quizá una visión de la alternancia de género no era tan alarmante puesto que representaba, en un sentido, una visión cómica del in between, es decir, un recurso lúdico para marcar las diferencias entre los géneros, entendidos en su concepto hegemónico, en una bina temporal que no integra, sino divide: Ranma nunca es hombre y mujer a la vez, al menos en el estricto análisis superficial del relato; o incluso como una fachada diluida que se escuda en el performance: las Sailor Star tienen un alter ego masculino que esconde su condición de heroínas y les permite funcionar bajo esa fachada, siendo una cuestión más de la representación literal de una idea a lo Goffman, que una identidad de género como tal.
Visibilidad contra visualización: cuando la representación se vuelve política
Puesto en una expresión burda: exigir representaciones de todas las “clases” y “etiquetas” sociales “está de moda”. Se busca aumentar la visibilidad de las minorías en los productos culturales para reafirmar la diversidad del mundo y poner al frente a los que “la historia ha disminuido” al estar fuera del privilegio normativo.
Sin embargo, una verdadera emancipación cultural no está en la visibilidad, que es más bien cuantitativa, sino en la visualización, que es más bien cualitativa.
Explico la diferencia: la visibilidad es qué tanto se representa un sector cultural. Esto es en cantidad: cuántas mujeres, cuántos homosexuales, cuántas minorías raciales vemos en los productos de la corriente popular; se busca la repetición. La apuesta, a mi parecer, debe ser hacia la visualización; esto es en calidad: no podemos darle un rol de más peso al tener muchas representaciones de un grupo cultural sino jerarquizamos para que la prioridad sea que estas representaciones sean “positivas”.
Regresando a nuestro caso de estudio, para no derivar la atención, el haber tenido a Urano y Neptuno en su relación real sin censura, hubiera sido un atino en lo cualitativo (lo que es ahora que el producto sale sin su censura tanto en el anime original como en su remake actual), ya que se hubiera representado una figura de la relación homosexual en términos, por darle un juicio de valor, positivos: dos mujeres de clase alta, con aptitudes artísticas, deportivas y académicas de alto nivel en una posición de respeto: visualización, no sólo visibilidad. Esta representación, estando en palestra, podría desviarse del cliché tradicional de los 70’s, 80’s y 90’s, especialmente en occidente, del homosexual cómico asexuado, libertino y depredador o heteronormado y reprimido.

Caemos nuevamente, para buscar cerrar el ciclo de discusión, en el concepto fundamental del cisma cultural: “oriente” y “occidente” no son iguales. Es gracias a esta intercambio, quizá coloquio entre valores de significación que la cultura avanza y se estructura. Si bien en su momento estas representaciones fueron suprimidas, hoy son bases importantes de los movimientos queer en el ámbito de las industrias culturales y finalmente definen, a través del concepto de la otredad, lo que son o no las diferentes identidades humanas que juegan, diría Foucault, un juego de poder social del que es imposible deslindarnos.
Finalmente debo decir, desde mi corazón fanático, que si bien se añora siempre la versión original que dio génesis a los afectos ahora melancólicos, me da gusto ver el discurso libre de censura cultural y mostrando visualizaciones positivas del mundo diverso que nos rodea.

Deja un comentario