Poco antes de terminar el 2019 (y la década para quienes creen más en los Usos y Costumbres que en la progresión matemática) terminé de leer Legendme III, la tercera entrega de la saga literaria de Nora Cayetano y uno de mis mejores descubrimientos de este año.
Para quienes aún no conocen la saga (puedes leer aquí la primera reseña) en breve: la historia de un equipo de niñas mágicas mexicanas, regiomontanas, que combaten para proteger el reino de las hadas (El Reino de la Primavera) de una facción enemiga rebelde llamado El Reino del Otoño. La historia cuenta las aventuras de Sephi, protagonista inicial, Zera quién sería la primera princesa de las hadas, Marina, la segunda chica humana en ingresar al equipo y sus amigos.
Legendme III: La Trinidad, cierra la trilogía en un hito importante que no solo confirma la existencia de más libros futuros, sino también de un importante cambio en las reglas del juego de la historia. Sin embargo, a diferencia de la primera revisión que hicimos de Legendme I y II, esta vez no quisiera hablar de la historia per se, sino de la trascendencia que esta tiene en el universo de las magical girls mexicanas.

Un viaje sin retorno: el resumen de medio siglo de magia
Uno de los más grandes aciertos que encuentro en la saga de Nora es la conciencia que este producto tiene del mundo a su alrededor y de las bases culturales que llevan, sin excepción, a las nuevas producciones.
Legendme no se limita en sus recursos hipertextuales y deleita al lector en nicho con referencias puntuales y ultra refinadas sobre grandes nombres de la cultura pop: desde Sailor Moon hasta Coca Cola.
Yo soy creyente que en la literatura de ficción, entre más específico sea un producto, más universal se vuelve y el uso de hipertextos en Legendme son más que un capricho otaku de la autora (que sí lo son LOL) sino una maravillosa complicidad con el lector (igual de otaku) para desarrollar un sentido de pertenencia a ese mundo fantástico. Así, la obra de Nora no sólo te cuenta la historia de Sephi sino que te habla a lo más profundo de tus afectos para recordarte que no sólo es un mundo al que te gustaría pertenecer sino que, en realidad, sí perteneces a él. Este acercamiento, casi performativo, del texto al lector es un artilugio de fidelización para cautivar, a través de las referencias fanáticas, al lector como un amigo cercano.
Y no sólo eso. Legendme además demuestra un conocimiento enciclopédico de la cultura que imita y remodela. En el refinamiento de estos hipertextos podemos leer una historia dinámica y no oficial del género de magical girls a través de las épocas y, en una paralela poética, opera siguiendo ese mismo modelo conforme avanzan las páginas.

Me explico:
Legendme I es una alegoría juvenil, casi inocente, de las magical girls tradicionales donde las historias cursis de amor imposible, reinos mágicos y chicas soñadoras son la forma de operar cotidiana. Legendme pertenece en un nacimiento tardío a una Época Clásica que corrió entre los 60s y los 90s donde las aventuras casi en revista nos ofrecen momentos cotidianos, llenos de una ficción divertida e inocente que, si bien, sí nos cuenta una épica de aventuras con trama clara y villanos por menos peligrosos, mantiene al lector en una nostalgia infantil a aquellos días dónde Lala Bell y Minki Momo abusaban de la estética pastel para contarnos sus aventuras. Sephi es la materialización de esta parte de la historia de las magical girls y su personaje y su estética operan bajo esa lógica.
Legendme II, La Guerrera de los Vientos es un libro más consciente de sí, más maduro y más dinámico. Ahora, las chicas mágicas de Nora han entrado a una madurez adolescente y aguerrida, entrando a las remembranzas de la Época Dorada. Ahora las aventuras ya no representan versiones fantásticas de la vida cotidiana, sino verdaderos enfrentamientos entre las fuerzas, dicotómicas, del bien y el mal. Ahora las chicas mágicas de Nora son las Sailor Senshi y las Guerreras Mágicas, un equipo de guerreras que deben mediar entre sus vidas cotidianas y la «necesidad de la normalidad pacífica» contra el mundo maravilloso que las tiene cautivadas, pero donde el peligro es real. Por eso la introducción de Marina es clave para la estética global del relato, ella representa las magical girls de esa Época de Oro (a la par de ser la inserción vicaria del lector en este universo): su traje no es un vestido lindo en colores pastel, su arma no es un tuvo de PVC a lo vara mágica, ella tiene una armadura y una espada, sus poderes son activos, son dinámicos y emancipadores.
Legendme III La Trinidad da el último paso en este recuento histórico y nos exhibe, con descaro, que esta construcción narrativa no ha sido de casualidad sino el resultado de un arduo proceso de decodificación de un género completo. En La Trinidad nos sumergiremos profundamente en los afectos de los personajes: sus miedos, deseos y emociones humanas en un rango amplio que puede correr desde el terror hasta la envidia, desde los celos hasta la excitación sexual. Legendme ahora se inserta en la nueva ola del género y nos da un giro hacia el lado más oscuro que reconocemos en Madoka Magica o Maho Shojo Site. Los terrores son reales, las heridas de batalla quizá no sanan y la muerte es un peligro latente. Así como la estética global gira a jugar esta nueva lógica, así lo hace el músculo literario: Legendme ahora comienza a deconstuir y cuestionar su propio universo, esta supuesta dictomía del bien y el mal, así como los actores que toman parte en el relato. Aquí es donde se sella La Trinidad, con Zera como representante de la nueva ola: agresiva, sanguinaria, depresiva, deja atrás su vestido de novia tan Clásico y su magia lunar tan Takeuchi para revelar un escote, para atacar con un bate con clavos. Ahora las chicas mágicas se ensucian las manos y la coexistencia de las tres épocas en un solo equipo sólo acentúa las diferencias entre ellas, en un ensamble performativo ideal para cerrar una trilogía que asegurará que el lector quede ansioso de conocer el resto.
World Building: cuando la realidad es engullida por la ficción
Probablemente uno de los atributos más deseados en las sagas literarias sea la construcción del universo narrativo. Es esta cualidad la que le ha dado mayoritariamente su éxito a las sagas inmortales como Harry Potter, The Lord of the Rings y demás historias fantásticas dentro del mainstream de la literatura (o más bien del fandom) actual.
Legendme no adolesce de esto pero sí lo hace de una forma curiosa: a través de la representación formal de la realidad dentro del esquema de la ficción. En Legendme, Monterrey es el escenario donde se desarrolla la gran mayoría de la historia. Si bien conocemos pasajes específicos que nos describren e ilustran el reino de las hadas, la mayor parte del universo narrativo en la historia pertenece a nuestro mundo real.

Lo vuelvo a decir: entre más específico, más universal. Nora, como mujer regiomontana, puede pintarnos un retrato exacto e inequívoco de su ciudad de manera que el espectador, que no conoce este lugar, pueda recorrerlo en su imaginación al acompañar a los personajes en la historia. Si bien, pudiéramos falsamente pensar que este recurso es «más sencillo» que crear un universo de cero, la realidad es que tiene sus atenuantes a considerar: al insertar tu ficción en un espacio virtualmente real, te obliga a ceñirte a ciertas reglas tácitas que vienen con el lugar. Aquí, la «libertad creativa» que creemos reducida es reemplazada por la mitificación de la cotidianidad en la ficción. La forma en la que Nora nos presenta e ilustra no sólo la ciudad como escenario del relato se complementa con cómo nos alimenta de la cultura alrededor de este espacio.
Con ello, el lector se siente parte de esa micro sociedad y se familiariza con los lugares, personas y situaciones tan reales que le son ahora empáticas y tangibles, pero que al cubrir de «literatura» se rodean de un aura mística. Legendme pretende convertir a Monterrey en un Hogwarts, en una Tierra Media, pero más tangible y accesible; es a través de los ojos de las chicas mágicas en Legendme que Monterrey se vuelve como el distrito de Jubán en Sailor Moon: un lugar lleno de la fantasía de la que soy fanático y al que desearía acceder y que tiene la maravillosa cualidad de que sí puedo hacerlo.
Definitivamente tuve un año de grandes lecturas de todo tipo (mayormente cómics) pero Legendme es una de mis más apreciadas experiencias no sólo por el contenido fantástico de la trilogía, sino por lo que representa para el género su extensión transmodal a la literatura tradicional y, finalmente, lo que representa para mi corazón el que este experimento esté tan cercano a mí y compartamos el mismo lugar de nacimiento. Ahora, este fanático de las «monas chinas», tiene monas mexicanas a las cuáles admirar.
PD: aprovecho para dar algunos créditos a otros artistas y creadores chingones también Mexicanos. La portada del libro (que yo estoy usando como portada del artículo) es una ilustración de Eva Cabrera y las imágenes que acompañan este texto son fan arts hechos por Magpie Boss Art.

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