De deleites y perversiones, el género pornográfico del manga es de los más redituables en la industria, pese a la «mala reputación» que queremos pretender tiene. Sólo como algunos datos simples, se estima que el ingreso de origen ‘fan made’ (doujinshi) es de aproximadamente 227.3 millones de yenes al año (yobai.com cifras del 2017) y gran parte de esta producción suele ser de contenido sexual.

Habrá que dar cierta directriz al momento de utilizar los términos extranjeros para hablar de este tema y no sólo utilizar adecuadamente los conceptos que involucra la producción de manga pornográfico, sino también estar en la misma sintonía al revisarlo a detalle:
Fan Service: Aunque como tal no existe una «definición oficial» el fan service es, en esencia, la inclusión de elementos y líneas narrativas diseñadas con el objetivo primario de complacer a los fans de un producto. Si bien el fan service se asocia casi siempre con el contenido pornográfico y casi siempre se ve como un elemento fuera de lugar sin valor discursivo, a veces puede ser parte importante de la historia y recurrir a otros elementos que generen emoción; por ejemplo, impactantes secuencias de acción o números musicales espontáneos.
Hentai: el término hentai es parte del idioma japonés y su significado original refiere a una persona o situación fuera de la normalidad sexual, pervertido. La popularización del término dentro de la novela gráfica japonesa llegó en realidad en la época de la post guerra, cuando ideas occidentales como el Psicoanálisis llegaron de importación a Japón. Con estos conceptos, se dio un gran interés en el estudio de las sexualidades humanas y sus filias y se publicaron, primero desde el Psicoanálisis clínico, libros llamados: «Hentai Seyoku» (Líbido de las Perversiones). No tardarían los artistas gráficos de Japón en llevar al dibujo las perversiones descritas en estos libros, así nacería el hentai como término para la novela gráfica pornográfica ya usada como etiqueta coloquial.
Ecchi: esta es la contracción sonora de la letra «H». Al ecchi lo tratamos como una versión suave del hentai y, en parte, es verdad; sin embargo, en realidad va un poco más elaborado. Mientras el hentai aborda la sexualidad desde sus perversiones, el ecchi lo hace desde la normalidad; es decir, la diferencia de clasificación no es en realidad la cantidad de contenido erótico, sino el tipo de este: el hentai lidia con aquello que es fuera de lo común, desde el hard sex explícito y el bondage hasta los tentáculos, mientras que el ecchi refleja solamente la sexualidad erótica cotidiana, independientemente de la cantidad de erotismo que refleje.

La gramática del deseo, configurando la mirada
El placer erótico en la novela gráfica, al ser un medio visual, llega desde la mirada del espectador y mirar es, de cierta forma, leer y hacer discurso. Estos productos eróticos son identificables y entendibles porque recurren a los elementos esenciales que le permiten al espectador leer los recursos suficientes para un despertar erótico que, no siempre, es la presentación de sexo explícito.
Si mirar es leer y hacer discurso, entonces éste debe tener una estructura que lo configure y le de forma, ¿cierto? Así es y son estos elementos identificables los que le dan su valor político a la mirada erótica, ya que responden a una hegemonía del deleite.
Sabiendo que vivimos en una hegemonía sexual que se ancla en la heterosexualidad como norma (es decir, una heteronormativa), no es sorpresa que estos elementos del deleite erótico responda justamente a esta normativa, ya que esta misma configura los cuerpos dentro de lo sexual. Entonces, diríamos que la mirada de lo erótico es, regularmente, heteronormada y que opera en una gramática clara configurada desde la percepción del sexo heterosexual y los roles binarios de cada género.

Si bien los elementos gramaticales que componen la mirada erótica en el manga pornográfico no son están reducidos esencialmente a una condición política heteronormada, hago la mención porque al abordar de lleno estos elementos, hablaremos de géneros y sus representaciones en cada motivo visual, por lo que entonces hablaremos desde la generalidad normativa:
El desnudo: un elemento básico y esperado al lidiar con la construcción erótica, el desnudo tiene una función ancla en la configuración de la mirada del deleite. Sin embargo, lo importante a mencionar sobre el desnudo y la función que cumple dentro del texto: generar una dominación visual. El desnudo como elemento de la representación somete al personaje a una condición de objeto de consumo donde es el espectador quién depreda; esta relación simbólica entonces habilita una de dominación donde el espectador tiene la capacidad de consumir el cuerpo del otro, sin estar expuesto él mismo. Esta relación de poder y posesión es lo marca una primera pauta para la configuración de la mirada del deleite.

Infantilización: un segundo elemento que me parece claramente identificable es la infantilización de los personajes. A diferencia del desnudo mostraría una forma de dominación a través del consumo del cuerpo con la mirada, la infantilización de los personajes crearía, más bien, una relación de poder donde uno de los personajes se vuelve deseable al dotarlo de elementos simbólicos que empatan con lo infantil: la inocencia, la ambigüedad sexual, la virginidad, la pureza y la debilidad. Así convertimos a lo infantil en un fetiche y fuente importante dentro de la estructura del deleite. Estas relaciones de poder, vueltas fetiches, no sólo alimentan las estéticas lolicon y shotacon (nichos importantes en la narrativa pornográfica del manga) sino que configuran en realidad cualquier tipo de relación sexual en el producto donde un personaje es altamente dominante y el otro está subordinado a éste, infantilizando la relación de poderes de estar en condición de igualdad a una jerarquía.

Roles binarios: partiendo de la lógica de los dos puntos anteriores, la tercera pieza que me parece esencial en la construcción de la gramática erótica es la explotación de los roles binarios de género en empalme con los roles sexuales. En la producción erótica entonces los personajes masculinos se muestran de forma normativa a la masculinidad hegemónica: es el salvaje, el experimentado, el agresivo y el dominante; los personajes femeninos entonces son sumisos, complacientes, tímidos e inocentes. Esta politización del binarismo sexual para la construcción erótica de los personajes es indistinta al género de los mismos. Incluso en relatos yaoi (romance y sexualidad de hombre con hombre) y yuri (mujer con mujer) siguen muchas veces replicando este modelo con base en «quién penetra» (el seme, más alto, más fuerte, usualmente más masculino) y quién es penetrado (el uke más pequeño, más vulnerable, más femenino); así, los roles sexuales se configuran siempre a la par de los roles de género dentro de la gramática normativa.

Estos elementos probablemente no son los únicos motivos visuales en el hentai, pero son para mí los bloques esenciales de la gramática erótica, indispensables para cualquier forma de construcción pornográfica en la novela hentai.
Por supuesto, hemos hablado desde la construcción de la mirada normativa en la novela gráfica erótica; sin embargo, existen productos con narrativas subversivas que buscan desmontar esta gramática y reconstruir la mirada en configuraciones periféricas, dando un discurso más queer y generando el erotismo desde lo periférico, en vez de desde lo normativo… pero de estas miradas periféricas del deleite hablaremos más adelante.

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