Saintia Sho es un arco particular de Saint Seiya donde los caballeros de Athena son mujeres. Creado por Chimaki Kuori a partir del universo de Masami Kurumada, Saintia Sho es la entrega reciente en la eterna lucha entre la diosa Athena y las fuerzas del mal.
Sin embargo… hoy no hablaremos realmente de Saintia Sho ni haremos una reseña al respecto, sino que esta historia será sólo la excusa que detonará la conversación ante un asunto más tangible para nosotros: las circunstancias irónicas entorno a la liberación femenina y ese concepto a veces tan frágil e inasible del «empoderamiento».

En Saintia Sho, Mii se encargará de la explicación diegética del más grande cambio en este universo: las guerreras mujeres, el cuál es un fenómeno que se introduce al canon de la siguiente manera. Según la guerrera, Mii de Delfín, algunas veces se hacen excepciones a la regla de que los caballeros de Athena sean hombres y esta excepción obliga a la mujer recluta a «eliminar su lado femenino»; además, deben cumplirse ciertas condiciones para que esta elección pueda darse y es que las mujeres reclutas deben ser puras (vírgenes) y deben tener un entrenamiento excelente, superior al requerido por los hombres, a la par, el ser elegida como una Saintia no las exime de sus responsabilidades regulares con Saori como doncellas de compañía, cocineras y sirvientes.
Sobre esta premisa desarrollaremos la discusión.
En una primera instancia, Saintia Sho quizá nos ofrezca un producto más dentro del universo contemporáneo, del aparente empoderamiento femenino al colocar a estos personajes en posiciones protagónicas desempeñadas exclusivamente por hombres antes de esta encarnación. Bajo esta idea se cubre el concepto endeble del «empoderamiento» al recurrir a su forma más segura y literal: «pasar el ejercicio del poder sobre un agente» en este caso, el femenino.

Sin embargo, las condiciones en que se da este empoderamiento son, si bien, menos que ideales y resuenan con las condiciones actuales que enfrenta el género femenino en un entorno social, laboral y político; incluso en la era de la tercera ola del movimiento de emancipación. El símil (porque una metáfora requeriría cierta poética que este pasaje del texto no posee) es el siguiente: mujeres que han podido acceder a una posición de poder y privilegio de la que antes se les excluía PERO bajo condición de seguir monopolizando las labores que, erróneamente, hemos asumido como normativas del género femenino… y aquí ya no hablamos de Saintia Sho, sino de nuestro entorno inmediato.
Las sufragistas del Siglo XX
El movimiento sufragista es quizá uno de los movimientos políticos femeninos más importante de la historia moderna y una base social crucial que sostiene la teoría feminista enclaustrada en la academia en la contemporaneidad.
El movimiento sufragista es esencialmente lo que se considera la segunda ola del feminismo, enmarcada en la transición entre el siglo XIX y XX donde se buscaba una igualdad política en el acceso al voto y la vida política activa. Las bases de este movimiento, brevemente, se sientan con la Declaración de Seneca Falls y llegarían a un punto de auge a mediados del Siglo XX, cuando el movimiento feminista que conocemos hoy en día tomaría forma o, mejor dicho, mayor visibilidad. Si bien podríamos rastrear las premisas esenciales en esta corriente de pensamiento incluso hasta la época clásica con la escuela cínica griega e Hiparquia, tendríamos que considerar ver esto como un protofeminismo bajo la concepción actual de la propuesta social-teórica.

En fin, regresando a los años sufragistas, la lucha de liberación femenina pretendía romper este «techo de cristal» y dar acceso a la mujer a un ejercicio de poder político que, de cierta manera, llevaría a una mayor, o al menos más privilegiada, posición social como género ante las claras ‘ventajas’ del sexo masculino.
La oposición, por supuesto, no se hizo esperar y en un paralelismo claro con la retórica de la oposición del feminismo actual, eran comunes las siguientes producciones:
El movimiento sufragista llegaría a un auge notorio al incluirse el sufragio como un Derecho Humano inalienable en la Declaración Universal, dando paso a lo que en los 90’s tomaría forma de la tercera ola. El triunfo, por darle una etiqueta, del movimiento sufragista no sólo dio acceso a la mujer al ejercicio del voto político sino que abriría camino a un desempeño importante en el ámbito social, empresarial y científico que antes se les limitaba pero, dentro de este nuevo universo de posibilidades, tendríamos algunas ataduras que incluso hoy vemos dibujadas como grietas en el mural.
La ironía del empoderamiento
Tal como sucede con las Saintias en el manga de Kuori, la mujer cayó en el cobijo de una aparente emancipación y podía aspirar a posiciones laborales, sociales y políticas que antes eran exclusivas del hombre… pero faltaría revisar las condiciones de dominación bajo las que se mantenía al género previo al movimiento y que siguen estando vigentes en las atenuantes.
Ahora la mujer puede aspirar a un trabajo estable en un ambiente corporativo antes dominado por hombres, siempre que cumpla con unas condiciones de excelencia para «ganarse ese lugar» sobre el varón (y en ocasiones con menor salario). Ahora puede tener una carrera política y profesional que contribuya a la generación de riqueza nacional o el avance de la ciencia, pero debe mantener sus «responsabilidades de madre y esposa» como pilar operativo del hogar. Aquí es donde Saintia Sho regresa a colación.

¿Que tan cierta es una emancipación bajo estas ataduras? ¿Qué tan válido es hablar de un empoderamiento femenino cuando ahora la mujer accede a los «beneficios y obligaciones» que eran sólo de hombres, sin que ellos se mezclen con los que son «sólo de ellas»? Esta concepción que sigue siendo perpetuamente binaria en la mirada a los géneros y sus roles dentro de la sociedad sería quizá un aftermath a la lucha sufragista.
Ahora tenemos grupos de mujeres que en un intento de asir un poder ante la hegemonía masculina, terminan sobreexplotadas con los «trabajos de hombre» y «responsabilidades de mujer» ya que las estructuras visibles actuales siguen operando bajo el concepto binario del género y sus roles: ve a un trabajo estable de ocho horas como cualquier hombre, pero regresa a casa a encargarte tú de ella como es responsabilidad femenina, por cierto, estás muy empoderada.

Claro que esta es la peor visión fatalista y no deja de ser una afirmación generalizada, pero que sigue vigente en casos particulares de nuestro tramado social que están lejos de ser las menos. Por ello, creo que Saint Seiya (como Saintia Sho), al menos en esta pequeña premisa, es un detonante ideal del discurso, ya que en una época saturada de visiones positivas del empoderamiento (y a veces sólo la falacia de este) también es importante contar con representaciones culturales que muestren este lado perverso del discurso empoderador y nos recuerden las ataduras que, si bien se han adelgazado en dos siglos de lucha, no ha sido del todo superadas en nuestra (falsa) concepción de un poder binario y vertical.
La reflexión a la que realmente queremos llegar es: ¿que tan acertada es esta visión perversa que propone Saintia Sho y qué nos dice dentro de su lectura de nuestro mundo?

Deja un comentario