El título lo dice todo. Al revisar las entradas anteriores descubrí que no hemos hablado de una de las grandes obras de CLAMP: Card Captor Sakura que no sólo es una de las magical girls favoritas de todos los tiempos, sino que además es un producto sumamente atípico para las circunstancias de su lanzamiento y para el género en general.
Card Captor Sakura puede que sea quizá el producto más reconocible del colectivo CLAMP, tuvo su versión manga y anime durante la década de los 90 con gran éxito. A grandes rasgos (a pesar de que realmente no requiere presentación), Card Captor Sakura es la historia de Sakura Kinomoto, una adorable chica joven que descubre en su casa un libro mágico. Movida por la curiosidad, abrirá el libro, liberando en el mundo poderes mágicos que ahora ella deberá regresar a su forma contenida: las cartas Clow, ayudada por un ser mágico Kero, y descubrir el secreto de la herencia mágica del legendario Mago Clow y los misterios de sus cartas.
Card Captor Sakura es definitivamente uno de los epítomes de la Era de Oro del género magical girls y, para muchos fans, una «competencia» de Sailor Moon por el lugar de honor de la chica mágica en los 90s.

Flying Solo
Si bien la chica mágica solitaria era casi la regla inquebrantable de los 60’s a los 80’s, los 90’s y la inclusión del modelo tokusatsu gracias a Sailor Moon hicieron girar los tropos a un nuevo modelo que se volvería ahora un nuevo dogma que se mantiene incluso hoy en día. Esa es uno de los puntos valiosos cruciales a abordar con Card Captor Sakura: la legitimación de un modelo que caería en decadencia iniciando el nuevo siglo.
A pesar de tener aliados importantes como Tomoyo y aliados/enemigos como Lee, Sakura está, en estricto tecnicismo, sola ante la misión de regresar las cartas a su estado contenido. Este detalle es importante porque afecta de forma importante el valor discursivo del producto cultural:
Por una parte, lo equipos de chicas mágicas responden a narrativas que construyen valores afectivos entorno a la sororidad, la camaradería y la inclusión de diferentes modelos de feminidad dentro de un producto; un grupo de magical girls es un buffet en que cada chica puede encontrar una personalidad que le resuene, un color que la identifique y un poder mágico que la represente, los equipos de magical girls apuntan a la variedad, al individualismo, a la sana competencia y a la construcción nominal del drama social bajo la perspectiva de la mascarada de Goffman. La chica mágica en solitario, si bien dependiente de un personaje con rasgos e identidad propios y definidos, apuntala a la universalidad, a la presentación tradicional del héroe según Campbell en el cual el lector puede volcar sus propios afectos y experimentarse a sí mismo de manera vicaria. Sakura logra justo eso.

En un escenario como los 90’s donde el cuestionamiento ante las normativas dogmáticas en Japón iba a la alza, mantener viva la figura de la magical girl solitaria era una validación importante del discurso subversivo: sí, ciertamente Sailor Moon, Sugar Sugar Rune u Ojamajo Doremi intentaban presionar identidades periféricas para el momento histórico con mujeres rudas, con activo rechazo a las normas sociales, como personajes que podían soportar su existencia discursiva sin un interés amoroso pero que, sin embargo, no dejaban de ser ciertamente figuras trasgresoras ante un panorama en que todavía estaba muy líquida la transición entre el fundamentalismo clásico y la fuerza de las nuevas ideologías.
Sakura, por otra parte, era precisamente la visión fidedigna de este escenario líquido dentro de lo social. Sakura se configura como una feminidad tradicional y es funcional incluso ante la perspectiva cambiante de género que llegaba con el final del milenio. Sakura presenta ese lado «positivo» (por darle una etiqueta maniquea) de las tradiciones japonesas previas a la Guerra y las expectativas sociales de la mujer de este periodo. Sakura nos muestra a la mujer elegante, a la mujer soñadora, a la mujer frágil y de hogar, nos muestra todos aquellos aspectos de lo femenino que muchos de los otros productos cotemporaneos intentaban desplazar, desde una perspectiva que pone en evidencia como estos valores personales no tienen, en sí mismos, una cualidad negativa y así, cuando llega el momento de empoderamiento mágico en la historia de Sakura, ella puede seguir manteniendo aquella identidad que siente correcta y ajustable a sí misma, sin verse oprimida por una norma o, más bien, limitada en su capacidad de elección libre antes estas normas.

El valor principal de la magical girl solitaria de los 90’s, especialmente Card Captor Sakura era abogar por un discurso del que los equipos no estaban hablando: la existencia de las tradiciones fundamentales e incluso de las normativas de género no es un malum in se, sino el uso del poder hegemónico como limitante del agente social y la exclusión de identidades variadas bajo la naturalización política de las normas. Sakura nos muestra que, ante la libertad de elección, está bien querer formar parte de los valores tradicionales, ya que parte de esta nueva libertad adquirida es tener acceso a todas esas opciones.
Tomoyo y Yukito, a la vanguardia precoz
Aún cuando Card Captor Sakura está llena de maravillosos protagonistas mágicos de todo tipo como Clow o Kero, son los personajes no-mágicos periféricos los que nos dan mucho valor en comparación con otras magical girls de su época.
Tomoyo es la mejor amiga de Sakura y funciona casi como una extensión en mancuerna de los roles tradicionales de la mascota mágica (que en este caso es Kero) y del tótem mágico de transformación. Tomoyo más allá de ser un elemento afectivo en la vida de Sakura (y, para algunos fans una inclusión diluída de un subtexto yuri), tiene un peso narrativo vital para el desarrollo de la historia. Tomoyo puede no ser mágica por sí misma, pero su presencia es invaluable no sólo para que Sakura pueda superar las adversidades que se presentan en el texto, sino también es un pilar que sostiene la metáfora mágica en la historia.

Como hemos hablado en otras entradas, el tropo de la transformación mágica es fundamental para el género ya que es el núcleo del discurso de la maduración femenina y el despertar sexual sobre el que descansa la metáfora mágica. Sakura tiene, a su manera, muchas de las características de este tropo: tiene una secuencia mágica de transformación (aunque no sea de ella tal cual, ahorita regresaremos a este punto), posee un objeto mágico (argumentalmente fálico) y adquiere a través de su transformación más que sólo poderes mágicos, sino un profundo crecimiento personal. Sin embargo, a diferencia de Sailor Moon y sus brillantes trajes de faldas cortas, Sakura no sufre ningún cambio físico evidente, como si el poder mágico que maneja realmente no fuera de ella, sino de un agente superior cuya mágica sólo le es permitido experimentar a través del objeto mágico (see what we did there?).
Tomoyo llega a completar el resto de la metáfora. Tomoyo y los trajes que le fabrica a Sakura son en realidad la metáfora de la transformación: en el texto aprendemos que las cartas fueron creadas por un mago Clow y que estas le pertenecen, a Sakura se le es recordado constantemente que su misión es recuperarlas del mundo y regresarlas a su legítimo dueño; es decir, este poder fálico no le pertenece, no le es innato, no es la heredera mágica a un poder femenino liberado, sino sólo una subordinada a un poder más grande que ella y, en cierta medida, de naturaleza patriarcal (ya que el gobierno de esta magia está resguardado por tres tipos diferentes de hombre). Al ser Tomoyo entonces la encargada de alterar la apariencia de Sakura y hacer de ella un «ser mágico completo» nos da un poderoso mensaje de sororidad y cooperación, incluso sin ser un «equipo de niñas mágicas», donde queda claro que la transformación y crecimiento femenino viene acompañada del amor, la compresión, la amistad y la lealtad genuina hacia los individuos, no al poder político que ostentan, Tomoyo es, quizá de forma muy codificada, uno de los mensajes feministas más resonantes en la Época de Oro de las magical girls, uno que no depende de ostentar un poder activo para poder asegurar una mejor representación (y fe en esa representación) de lo femenino.

Está bien, admito que Yukito no es, en estricto tecnicismo, un personaje no-magico pero para lo que quisiera abordar de él nos centraremos en el Yukito antes de Yue. A todas luces, Yukito puede parecernos el modelo ideal del bishonen (chico lindo) tan común en el género shōjo del que ciertamente las magical girl suelen ser parte. Yukito podría parecer existir sólo para ser el objetivo amoroso de nuestra protagonista (y otros cuantos personajes y fans más) sin embargo, tiene una misión muy importante que cumplir en el texto (y no hablo de su revelación como Yue).
Yukito es una bocanada de aire fresco ante el manejo regular del bishonen masculino como objeto de deseo. Deja de lado motivos visuales como un frío, pero a la vez sensual Mamoru o un agresivo pero con buen interior Zagato. Yukito transita la masculinidad tradicional, para ser un agente más intermedio y con motivos visuales de lo idílico de ambos géneros. Por ello Yukito resulta un personaje tan atractivo no sólo en la serie (Sakura, Lee… Tuoya) sino en la recepción del lector. Yukito nos abre camino a un punto de equilibrio, utópico e inalcanzable, del androgenismo divergente, de aquello que no está en lo masculino ni en lo femenino y que desempeñará una función esencial en el desarrollo de la metáfora mágica del «coming of age».

Sakura, enamorada de Yukito, motiva gran parte de sus acciones a seguir ciegamente este afecto e incluso desarrolla más profundamente su relación con Lee gracias a esta rivalidad amorosa con la que compiten: su interacción con el protagonista masculino ya no es sólo por ostentar el poder fálico, sino también por aprehender el afecto amoroso deseado… masculino y femenino en una relación dictómica. Yukito es, aunque no parezca en una lectura superficial, quién últimamente guiará el camino de Sakura hacia la madurez mágica y personal y, así como es ambivalente con el género, también lo será con sus lecciones: de él aprenderá el amor y el corazón roto, de él aprenderá lo cotidiano y lo mágico, de él aprenderá la calidez y la frialdad, todo contenido en un mismo estímulo constante.
Cuando Yukito se convierta en Yue (bien… sí hablaremos de Yue) su condición mágica potencia sus rasgos ambivalentes y andróginos pero su simbología inclina ligeramente la balanza a lo tradicionalmente leído como femenino: la luna. Así, Yue desempeña un segundo rol como mascota mágica, pero que acentúa su función en la influencia paternal o, en este caso, creo que un mejor término sería maternal y te cuento el por qué.

Sakura ostenta un poder mágico que aparentemente no le pertenece y que parece ser, al final de todo el esfuerzo, parte de un gobierno patriarcal. La vida cotidiana de Sakura es igual. Ante la ausencia de su madre, ella convive constantemente con la influencia masculina: su padre como solitaria cabeza de la casa, su hermano como verdadero pilar del hogar, Yukito como el contenedor de sus afectos amorosos (y, por qué no, sexuales), Lee como su análogo en la búsqueda del desarrollo personal, Kero como la voz guía y segunda función paterna e incluso Clow como la etérea representación del verdadero ejercicio del poder liberador. Cuando Sakura se enfrenta a Yue despierta por primera vez su propio poder interno, despierta como chica y despierta como chica mágica en un momento crucial que puede parecernos tardío pero que es sumamente simbólico.
Entonces, así como Kero reemplaza (o desplaza mejor dicho) la función de Fujitaka como figura paterna en un mundo mágico en el que el padre humano no tiene acceso, Yue reemplaza la función materna de Nadeshiko en un mundo en el que, curiosamente, ella sí hubiera tenido acceso pero ahora está ausente. Gracias a esta interacción, Sakura da sus primeros pasos en el descubrimiento de un poder personal propio, ya no subordinado a la hegemonía mágica de Clow, lo cuál será el primer paso en instaurar un nuevo gobierno desde lo femenino, una estructura mágica matriarcal que devendrá, narrativamente en la creación de las cartas Sakura.

Para cerrar
Card Captor Sakura nos muestra el otro lado de la moneda en la dicotomía de la Era de Oro y ofrece todo el gran valor discursivo que las chicas mágicas en equipo pasaron por alto, aún ante la ausencia de toda la parafernalia de sus contrapartes más llamativas. Esta historia, como todos los trabajos de CLAMP son altamente revolucionarios en los modos de crear discursos con la maravilla de ser presentados de forma sencilla comprensible, haciendo brillar elementos importantes del género que incluso los máximos exponentes de las nuevas corrientes como Madoka Magica o Maho Shojo Ore no explotan (como el uso efectivo de personajes periféricos).
Card Captor Sakura es definitivamente una vanguardia prematura que si bien no tuvo el efecto en el género que quizá merecía, definitivamente marcó una pauta de un modelo, poco convencional pero altamente exitoso de hacer magical girls.
Como bonus final, aquí les dejo el opening que a todos nos encanta:

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