Japón fue la cuna de las magical girls, pero en pleno 2019, el género no debe ni puede permanecer como un producto solamente local. Ante la inevitable expansión cultural, hemos visto ya productos que exploran este género desde su propia perspectiva nacional como Star vs las Fuerzas del Mal en Estados Unidos, Miraculous Lady Bug en Francia o Legendme en México. Sin embargo, algo que es apreciable tras una mirada rápida es que el género parece caer en un inevitable reboot a lo clásico al momento de cambiar de nacionalidad. Por supuesto, no hay nada de malo con la vieja fórmula, confiable y funcional, ya que exalta lo mejor de las chicas mágicas clásicas y el lugar donde nació el género; aún así, en una época post Madoka Magica la exploración de estilemas y discursos es tal que tarde o temprano debía alcanzarnos.

Goddess Mode es un comic americano producido en DC Comics, por Zoe Quinn para la revista Vertigo. Podemos describir Goddess Mode como una fantasía cyberpunk en high tech neon que se presenta en un embalaje mágico, propio del mahō shōjo. Si bien profundamente americanizado, Goddess Mode es cuidadoso y respetuoso de los tropos que hacen al género lo que es, dando entrada a secuencias mágicas de transformación, la lógica del equipo de chicas y hasta la reformulación curiosa de Psyche, la inteligencia artificial, como una especie de articulación de la mascota mágica. A pesar de ello, Goddess Mode definitivamente presente su punto de vista sobre el género y nos ofrece algo que hasta el momento no hemos experimentado realmente en occidente.
Dentro del discurso, Goddess Mode exalta la redención de los underdogs y el uso del anti-héroe como figura primordial del relato, respetando así su naturaleza punk. Una fantasía moderadamente gore y cargada de acción deslumbrante, introduce personajes que son más cercanos al lector occidental: las estrellas pop, las chicas rebeldes, los empresarios magnates, los playboy aspiracionales y un montón de personajes que son el estándar en el comic de este lado del océano. Con ello, Goddess Mode se aleja un poco del coming of age, patrón discursivo del género para explorar la creciente tecnocrácia hacia donde avanzamos de forma casi inevitable y los conflictos morales que devienen de este futuro distópico totalmente poshumano; así mismo, aborda las relaciones de dominación económica social en un marco capitalista en extremo, donde se critica la vigencia y existencia de clases sociales tan separadas, pese a un escenario que podría asegurar un sistema sin ellas. Goddess Mode son las chicas mágicas que combaten las preocupaciones éticas de occidente.

Goddess Mode tiene mucha herencia de magical girls quizá menos conocidas: tiene mucho de Yuki Yuna wa Yusha de Aru y de Symphogear, mucho de Flip Flappers e incluso de Princess Tutú (si en lugar de fantasía clásica fuera futurismo). Así mismo, siendo un hijo de DC tiene mucha herencia de los comics de Superhéroes y fantasías futuristas: tiene mucho de Female Furies y Green Lantern, mucho de High Level y Alters e incluso series literarias como the Blade Runner. Esta coexistencia perfecta de vertientes aparentemente distantes es lo que hace de Goddess Mode un producto interesante.
Si bien, en términos de representación, no propone nada descabellado a lo que ya existe dentro de la nueva ola del género, sí es un ejercicio estético e integrador que busca y logra separarse de lo que se ha hecho no sólo en occidente, sino en el mundo del mahō shōjo. Tenemos una vista imperativa de las ansiedades de la mujer en una sociedad posmoderna y de ultra tecnología y el uso del cuerpo ciborg como una fuente de poder y de vulnerabilidad a la vez.

Quizá, ese punto sea uno de los más curiosos. En Goddess Mode, las chicas carecen de un tótem de transformación físico, como es tradicional en el género. Si bien tienen sus armas, estas a diferencia de productos como Maho Shojo Site no son realmente sus tótems. En este caso, esta función simbólica está desempeñada por sus cuerpos mismos o, dicho mucho más específico, la matriz de datos cibernéticos contenida dentro de sus cuerpos (o que es quizá el cuerpo mismo). En Goddess Mode se hace una tajante diferenciación entre el «mundo análogo» y el «mundo digita» (o más bien el mundo regular en el que se mueven conscientemente las personas). Es esta aparente fragilidad del cuerpo separado de la hiperconectividad lo que detona los poderes y escenarios de combate de las chicas, así como el desarrollo dramático, atrapado en ese limbo sin dueño entre lo tangible y lo digital.
La serie va recién iniciando, va en el número 3 y en marzo se lanza el número 4. Vale la pena seguirlo de cerca, quizá sea esta la punta de lanza para la evolución acelerada del mahō shōjo en Occidente, donde parece que seguimos aspirando a una fórmula que ya quedó casi 30 años en el pasado.


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