Hace un par de horas salió un nuevo teaser y poster promocional de Toy Story 4 y, a pesar de la controversia que existe en el fandom sobre si es o no necesaria una secuela ante el aparente finale orquestado en la tercera entrega, mi atención quiso colocarse sobre otras cuestiones más extravagantes. Primero, antes que nada, les comparto los materiales de los que hablo.
Como una breve aclaración, aunque este artículo es, en parte, un soliloquio de teorías de conspiración risibles sobre el universo de Toy Story, no por eso es menos rico en teorías y lecturas recomendadas. Dicho eso, sigamos:

Por alguna razón me quedé enganchado con la idea de CÓMO un adorno de porcelana pudiera cambiar de atuendo cuando, en esencia, su cuerpo y atuendo son parte de una sola pieza (en esencia podría ser de tela, ahí muere todo el razonamiento). Aún así, de este pensamiento, devinieron una serie de líneas argumentativas sobre la concepción ontológica del universo creado por Pixar. Bueno, aquí mi lectura poshumanista de Toy Story:
Vida y consciencia en un entorno artificial
¿Alguna vez se han preguntado si los personajes en Toy Story tienen alguna especie de vida o consciencia y, de ser así, dónde está contenida esta? Esta pregunta, si bien aparenta rebuscada para el medio en análisis, reverbera las reflexiones ontológicas hechas por los filósofos griegos sobre el alma humana y nuestra humanidad. Para los presocráticos como Platón, el alma ya era concebida como un ente inmoral e inmaterial que usaba el cuerpo físico como un contenedor, pero nuestra consciencia y existencia residirían en esta «esencia».
Aún así, quisiera centrar esta primera parte de la discusión en la propuesta filosófica de Homero quién distinguía el alma en dos conceptos: psyché y thymós. El psyché es aquello que entendemos como el «fantasma» de la persona, esa esencia que trascienda al inframundo, como una sombra de la persona, al terminar la vida. Sin embargo, a mí me interesa más el concepto del Thymós, que Homero concebía como la fuerza vital, lo que nos mantiene «vivos» y que termina sin trascender con la muerte del sujeto.
¿Podríamos considerar plausible la idea de que estos juguetes tengan un thymós, si bien quizá no un psyché (que sería ya un rasgo más «humano»)? y si es así ¿de dónde proviene? Para mí, la clave la tiene también uno de los nuevos personajes que parece que Toy Story quiere introducir en la cuarta entrega:

Este personaje cuyo nombre aún no conocemos es claramente un pastiche quasi juguete, armado con un tenedor de plástico, un limpiapipas, plastilina, palitos de paleta y ojos saltones.
Este personaje NO fue fabricado como un juguete; sino reconfigurado como tal. En un motivo visual que nos recuerda a Mary Shelley, el personaje es más bien una serie de elementos artificiales que sirven a un nuevo propósito: ser un juguete y, aún así: ¿por qué tiene «vida» también?
Esta es mi lectura (o quizá más bien, conjetura) del asunto: en la utopía creada en Toy Story, los juguetes cobran vida (su thymós según Homero) gracias al uso que hacen de ellos; ergo, sería el niño quién le da «vida» al juguete al adoptarlo como suyo, al jugar con él, al usarlo. Quizá entonces podríamos decir que el thymós del juguete es en realidad una extensión del thymós del niño, que encuentra un nuevo contenedor y que puede, aparentemente, existir de forma independiente.
Para sostener esta hipótesis quiero recurrir a dos momentos específicos de la saga:
El primero es en la habitación de Sid, el villano de la primera película. Sid tiene una colección poco usual de juguetes que, nuevamente en una referencia a Shelley y su romanticismo negro, son desmembrados y reconstruidos a placer por su amo.

Los juguetes de Sid están y se saben vivos a pesar de la barbárica tortura a la que el niño los somete (diluida, por supuesto, por el formato). Esta pauta nos muestra que en realidad el cuerpo material del juguete es si bien sólo un contenedor hueco y que el thymós del juguete subsiste a pesar de los daños que este pueda tener. Por ello, la esencia del juguete no sólo no está en el cuerpo material (por ello el Señor Cara de Papa puede desmembrarse y reconstruirse a voluntad), sino que incluso la reconfiguración del cuerpo puede devenir en una reconfiguración del thymós, casi como un renacimiento, desprendido de quién crea con su propia consciencia el nuevo thymos.

Esto permite que los juguetes de Sid tengan una nueva identidad, un thymós completamente nuevo, tras renacer de los experimentos de su amo, mientras que el Señor Cara de Papa puede colocar sus piezas en una tortilla y no sufrir pérdida de la identidad, puesto que no existe una nueva creación del thymós, sino sólo una modificación del cuerpo prescindible y transmutable.
El segundo momento al que quiero recurrir es a la escena en la juguetería en la segunda entrega de la saga. Cuando los juguetes se pierden en los enormes pasillos y se topan con cajas de muchos otros juguetes quienes parecen en una primera instancia, carecer de vida. De inmediato, muchos de estos juguetes despiertan, hablan e interactúan con los protagonistas, cobrando de pronto un thymós que parece no necesitar de un niño humano para existir.

Aunque esto parezca contradecir la hipótesis inicial, hay un detalle que puede sacar a flote las reglas que estamos reflexionando sobre este universo. Estos nuevos juguetes viven hasta que entran en contacto con los otros, como si la sola presencia del thymós de los protagonista fuera suficiente, cual estafeta, para «hacer vivir» al otro. Aquí podemos estirar un poco las ideas de Marshall McLuhan y considerar a los juguetes, concretamente sus cuerpos (los contenedores del thymós) como dispositivos tecnológicos. Entonces, el thymós de estos juguetes, esta fuerza vital que propone Homero, no sería sino solamente una extensión de la identidad de su dueño y que funcionan, a la vez, como receptores repetidores los cuales al llevar albergado dentro de ellos la programación del niño (para modernizar entonces el concepto del thymós), pueden también extenderlo y configurarlo en otros dispositivos cercanos, como si fuese el mismo dueño original el que programara estos nuevos juguetes.
No obstante, ¿qué pasa entonces con la «consciencia» del objeto? Es decir, su personalidad, memoria y valores, los cuales la cinta hace evidente no sólo no son compartidos entre todos ellos, sino que a veces ni siquiera reflejan las del dueño originario. Aquí es donde la cosa deja de ser romántica y moderna y se pone poshumana.
Cyborgs y configuración del cuerpo: leyendo Asimov en Toy Story
Hemos hablado en esta interpretación libre de Toy Story que los juguetes sirven como contenedores de una fuerza vital otorgada a ellos por el dueño humano y que su cuerpo material es, si bien necesario para contener el thymós (si el juguete quedara totalmente destruido dejaría de «vivir» tal cual lo indica el momento climático de Toy Story 3) y que este puede desmembrarse y alterarse sin que el «alma» del juguete desaparezca.
Entonces, ¿no estaríamos hablando de una representación del concepto de «cyborg» como lo entienden y definen Clynes y Kline: «componentes exógenos [al elemento humano] extendiendo la función de control de autorregulación del organismo con el fin de adaptarse a nuevos ambientes». Según nuestras propias definiciones, los juguetes en Toy Story son contenedores de una fuerza vital de origen humano, pero que residen en un cuerpo artificial y, podríamos aventurarnos a decir, son totalmente autónomos a esta.
Los juguetes en Toy Story entonces podrían operar bajo el concepto del cyborg entendido en el transhumanismo, que si bien su «vida» tiene génesis en el emplazamiento de un thymós humano, pueden desarrollar una consciencia autónoma que no necesariamente replica la del creador, puesto que la identidad, la moral y las memorias son construcciones psicosociales y, al ser construcciones, el autómata-cyborg-juguete puede crear las propias.

¿Podríamos entonces leer en Toy Story una representación del cyborg post-singularidad? Pudiendo originarse varios autómatas-cyborg-juguetes de un mismo dueño, ¿podríamos hablar de una matriz de cyborgs con consciencia colectiva pero terminales independientes? Tanto así que incluso pueden sobrevivir al envejecimiento, olvido o muerte de su matriz originaria (Jessie y Pete siguen «vivos» aún cuando han pasado 40 años de que tuvieron un dueño infante). Pixar presenta entonces un discurso que sigue la influencia de Ira Levin y Philip Dick, presentando para público infantil nuevas formas de pensar y (re)pensar la esencia del antropocentrismo y la configuración del propio cuerpo más allá del humanismo recalcitrante.
Conclusiones: leyendo el micro para ver el macro
Si bien más allá del éxito económico y el legado cultural esta reflexión puede parecer intrascendente al hablar solamente sobre la saga Toy Story, son las ideas codificadas en el discurso las que sí tienen una trascendencia importante en nuestro mundo.
Con el «final del humanismo», postura imperativa de Sloterdjik y rechazada categóricamente por Habermas nos hemos visto ante el panorama de ver y pensar al ser humano de forma diferente y desde una perspectiva que, a diferencia del romanticismo ilustrado, no lo coloca en el centro del universo. Las propuestas poshumanas (o quizá transhumanas) abren el diálogo entorno a qué hay más allá de los límites naturales del ser humano y como debemos entender ahora nuestra propia «humanidad» cuando muchas de estas fronteras han sido rebasadas por la proliferación tecnológica.
En Toy Story los juguetes no son seres humanos, ni siquiera seres de carne y hueso, son armazones tecnológicos provistos de anima que representan de cierta forma el punto donde se borran los límites entre lo orgánico y lo tecnológico para entenderlos casi como uno mismo. Así cuestionamos esta idealización del cuerpo y la humanidad «íntegras» ante un panorama de humanos con prótesis artificiales (como el marcapasos), con cuerpos alterados desde perforaciones hasta reasignación de sexo. ¿Qué significa ser humano ante una sociedad tecnócrata en crecimiento? ¿Qué tanto de mi cuerpo debe ser «orgánico», «real», «natural» para mantener mi condición humana? y, a todo esto, ¿son las emociones y afectos un rasgo exclusivo del hombre? Preguntas que pueden salir a la luz tan sólo con divagar por un teaser.

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