Mirada erótica: del fan service y otros deleites

Para quién esté familiarizado con el mundo del manga y anime, el término «fan service» no es ajeno. En esencia, hace referencia a los insertos visuales (y a veces hasta argumentativos) en un producto con la intensión de dar gusto a la audiencia y sus deseos. El «fan service» más común es el de tipo erótico: cuerpos sexualmente acentuados, posiciones sugerentes y secuencias enteras de deleite visual que sobreviven a veces incluso sin ser necesarias en el desarrollo de la historia.

Sin embargo, contraria a la imagen negativa que se tiene sobre este recurso, se ha vuelto un elemento importante en la producción de anime y manga, con un valor económico significativo y apoyando incluso la formación de nuevas industrias fan made. Industrias como el «doujinshi» y el «hentai» se alimentan masivamente de la producción fan made así como de la carga erótica que esto presenta. Por si la duda: no, el fan service no está destruyendo a la industria del anime y manga, sin embargo, sí dice mucho sobre ella, su producción y su consumo.

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Dicho esto, revisemos un poco la forma en que esta «visión» del otro, erótico y consumible, se configura según el recurso del fan service, elemento que aparenta ser cada vez más común en el mahō shōjo.

Como vemos el cuerpo, así sin acento

La visión erótica que ofrece el fan service y quizá la pornografía en general depende en gran medida de la identificación del otro como un objeto; es decir, un proceso que principalmente responde a la cosificación del cuerpo del otro. Al utilizar el recurso, los personajes son vistos, al menos brevemente, como objetos de consumo y al hacer esta transición simbólica, dejan de ser (al menos temporalmente) sujetos a conceptos humanistas como la dignidad y el respeto, para poder ser consumidos y sometidos a las fantasías del observador.

Esto, si bien suena muy dramático, se configura principalmente en recursos reconocibles y que son paralelos en este mundo fantástico a aquello que nos causa excitación en el mundo real. Elementos como el desnudo son recursos comunes y predecibles pero también encontramos otras «filias» (diluyendo un poco el término) como la infantilización y la reducción de los roles sexuales.

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Esta práctica, sin embargo, responde ciertamente a una clara construcción de la mirada, la cuál es una visión hegemónica que rige lo que codificamos como erotismo: la mirada masculina heteronormada. Es importante aclarar la diferenciación clave entre decir que el erotismo se construye desde una mirada masculina heteronormada y decir que el erotismo está hecho «para el hombre heterosexual», si bien ambas afirmaciones pueden estar implicadas, no son necesariamente lo mismo.

Al decir que la construcción del erotismo en el anime y manga responde a una mirada masculina heteronormada me refiero a la gramática con la que se «verbaliza» lo erótico; es decir, qué elementos y qué perspectivas de la sexualidad y el cuerpo se explotan para construirlo. Así vemos entonces que lo erótico «estándar» responde mayormente a la acentuación de aquello que asumimos es para el consumo del hombre heterosexual a quien la modernidad construye como el «sujeto normal». Entonces, tenemos una evidente acentuación del cuerpo femenino como recurso erótico y una estandarización del cuerpo masculino o una hipermasculinización de este sólo como recurso cómico; tenemos también genitales femeninos que pueden o no estar censurados pero unos masculinos que definitivamente nunca salen a cuadro; incluso en la aparente construcción del romance y erotismo homosexual (el yaoiyuri del anime y manga) sigue respondiendo a la reducción cliché de los roles sexuales de la pareja: hombre-mujer, donde tenemos un personaje dominante (el seme) y uno pasivo (el uke) quienes terminan siendo invariablemente (al menos en su forma tradicional) caricaturas de los roles de género hegemónicos.

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En el género del mahō shōjo, uno que está usualmente lleno de faldas cortas y chicas en pleno desarrollo sexual, no es de extrañar que el fan service se cuele con facilidad y, si bien el género usualmente propone un discurso que contrapone esta práctica, la apropiación por parte de la audiencia a veces representa una fuerza infranqueable.

Magical Waifus

Lecturas subversivas sobre el género mahō shōjo construyen el discurso feminista precisamente a través de la aprehensión sobre el propio cuerpo y su soberanía. Así vemos entonces en la transformación mágica (que no sólo es plástica sino simbólica) o el ejercicio de un poder fálico un discurso de empoderamiento femenino.

Sin embargo, el género no está exento de ser un bien de consumo y, por lo tanto, tampoco sus personajes. Más allá de la ideología shōjo que se ha comenzado a configurar políticamente como un «espacio femenino aislado de las ataduras patriarcales» (Wakeling, 2011), el género ha sido transportado, quizá solamente en sus motivos visuales, a otros productos que desvisten el valor discursivo para dar paso sólo a un deleite visual estructurado bajo el erotismo de la mirada masculina heteronormada.

Productos como «Magical Girl Raising Project», «Maho Shojo of the End» o «Maho Shojo Spec-Ops Asuka» son la muestra del abuso de la forma para una demanda de consumo.

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Si bien cierta cantidad de ero-fan service es común en todo el espectro de productos dentro del género, desde Marvelous Melmo hasta Madoka Magica, el resurgimiento de este gracias a una nueva ola, aparentemente denominada dark magical girls (género en el cual, en realidad ni la violencia ni lo gore son parte intrínseca), ha también abierto parcialmente la puerta (porque no podemos adjudicarlo solamente a este factor, claro está) al hiperconsumo erótico del género. Vemos en estos productos una construcción discursiva generalmente escueta y que abona principalmente a lo visual sobre lo reflexivo. Productos como Sepc-Ops Asuka que incluso recurren a los clichés tradicionales de las fantasías erótica masculinas buscan primero saciar una creciente demanda por bustos, faldas cortas, violencia extrema y deleite gore, dejando al «género» sólo como una amenidad en segundo plano: narrativas voyeristas para el placer que sólo tienen niñas mágicas como tema personalizado.

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¿Esto categóricamente confirma que son malos productos? No, por supuesto (aunque yo personalmente sí tengo un problema con ellos) pero es importante discriminar de forma adecuada el uso del género como discurso y del «género» como motivos visuales, especialmente a la hora de querer construir comunidad alrededor de estos.