Shōjo Kakumei Utena vio la luz en 1996 como un josei publicado capitularmente en la revista Ciao. Después, la historia brincaría del manga a la pantalla con un anime que, si bien no es completamente canónico con el manga, se convertiría en un referente importante para los animes de demografía femenina.
Sin embargo, hoy no abordaremos el anime, sino el manga de Chiho Saito y su papel como referencia de la representación progresista femenina a mitad de los 90’s.
Utena no es un mahō shōjo (el tema común en este blog) y de hecho, en estricta teoría, ni siquiera es un «shōjo» ya que su demografía es un poco más adulta (josei). Aún así, Utena es innegablemente un referente para el género, especialmente la nueva ola y para la representación femenina en la cultura popular.

La experiencia de leer Shōjo Kakumei Utena es una mezcla de experiencias interesantes. El manga inicia de forma muy tradicional, propia del shōjo bunka: una chica común que busca el amor platónico de un hombre que no conoce y que se enamora de un compañero de trabajo de su tía con quién ella tiene un amorío. Leer la introducción de Utena es caer directo en una trampa bien planificada ya que conjuga los elementos tradicionalistas de las historias románticas para mujeres. Será el incidente con su tía y la ruptura de su ilusión romántica lo que devendrá finalmente en la historia ya que es en este punto en el que Utena es invitada a la academia Ohtori, donde la verdadera historia se desarrolla.
A grandes rasgos, Utena trata sobre una joven poco común en una academia de élite donde, por una decisión moral impulsiva, termina viéndose envuelta en una serie de duelos para conseguir el «poder para revolucionar al mundo», la espada de Dios. Al ganar su primer duelo contra el campeón vigente, Utena se convierte en el Caballero de la Rosa y adquiere «propiedad» de Anthy Himemiya, la Prometida de la Rosa, quién debe ser leal a su dueño. Conforme Utena se va a enfrentando a diferentes duelistas, mientras lidia a la vez con su deseo emocional, irá descubriendo la verdadera naturaleza del llamado «Poder de Dios» y sobre los planes del «Fin del Mundo».
Si bien se ha leído Utena muchas veces como un texto altamente feminista y yuri, debido mayormente al anime, el manga mantiene aún una buena herencia del shōjo tradicional en su proceso de construir el discurso.

Deconstruyendo el shōjo: el príncipe y la princesa
En el capítulo prólogo del manga, así como en el prólogo de la versión animada, Utena es visitada y salvada por un apuesto príncipe, objeto de su amor, de quién sólo posee un anillo, el cuál le permite participar en los duelos del «Fin del Mundo».
A pesar de que el príncipe será el objeto del deseo amoroso de Utena a lo largo de todo el relato, el desarrollo de la dicotomía tradicional de príncipe/princesa se pierde al iniciar el primer capítulo. Utena decide ella misma encarnar los valores que representa el príncipe y tomar esta posición activa para encontrar nuevamente a su amado. Con ello, Utena decide dejar de ser la «princesa en espera» para desempeñar un rol más masculino, según el paradigma que tiene en cuando a cómo debe ser un príncipe.

Utena entonces adopta esta identidad en su performance social a través de pequeños actos transgresores como usar el uniforme escolar de los hombres, sobresalir en los deportes y velar noblemente por la seguridad de sus amigas. Utena, en este primer tiempo del relato, pone en evidencia la bina tradicional del género hegemónico: masculino y femenino, entendidos según los modelos tradicionales de la época, a la vez que ella cree adquirir un empoderamiento personal al rechazar lo femenino para ser su propio príncipe.
Sin embargo, con el avance del relato, este paradigma sufrirá modificaciones. En la búsqueda del amor de su príncipe, Utena será presa de las pasiones de Touga, el presidente del Consejo Estudiantil, y más adelante de Akiho, hermano mayor de Anthy. Al verter ella su concepto del «príncipe» en estos chicos, comenzará a cuestionar dicho paradigma y descubrirá que el idílico de lo masculino a lo que aspiraba inicialmente no es del todo correcto; a la vez, irá aprendiendo a través de los ojos de Anthy y su amiga Wakaba, aquellos rasgos de lo femenino que le serán útiles para una adecuada resolución.
Mientras productos previos como «Princesa Caballero» o «La Rosa de Versalles» intentaban abordar la identidad de género a través de la exposición y contraste de la dicotomía tradicional, Utena prefiere deconstruir dichos conceptos y mezclar ambas normativas para crear un nuevo concepto, más queer.

Utena, en su doble rol como el «príncipe» de Anthy y la «princesa» de su propia pasión amorosa, encuentra como moldear su propia identidad, lo que la llevará a ostentar el verdadero poder para revolucionar al mundo.
Anthy y Akiho: la perversión de la norma
Saito logra crear un juego perverso en la relación entre los personajes de Anthy y Akiho y ambos con Utena. En primera instancia, estos dos personajes parecen ser el extremo idílico, casi arquetípico, de la masculinidad y la feminidad principescas. Anthy y Akiho son un animus/anima que devienen en los vicios de estas figuras arquetípicas a extremos necesarios para poner en evidencia para el lector estos vicios del arquetipo.
Si bien Anthy y Akiho son hermanos, su relación es vista por muchos de los lectores como una con tintes incestuosos. Akiho es abusivo y manipulador con Anthy, ejerciendo una clara autoridad sobre ella en una relación de poder perversa. Anthy, en el afán de cumplir con los deseos de su hermano, se deja llevar a extremos que atentan incluso contra su propia integridad, en un reflejo alienado de todas sus relaciones en la historia.

Anthy desempeña el rol de la «Prometida de la Rosa», la forma simbólica de Saito para representar a la princesa sumisa a los pies del héroe, sin voluntad propia y usada solo como herramienta en la búsqueda del poder. Por su parte, Akiho es la representación perfecta del príncipe y el objeto de amor al que aspira Utena. Constantemente en el relato se va construyendo el mito del príncipe como el idílico de la masculinidad perfecta que Utena desea tener y ser a la vez; sin embargo, el relato dará un giro a dicha mitología y nos mostrará que Akiho, como The End of the World, no es sino todos los vicios de la masculinidad, quién busca suprimir los propios deseos de aquellos a su alrededor, en su afán por conseguir el poder de Dios para revolucionar al mundo.
Utena está en el centro del espectro y es el punto de balance entre ambos extremos. Ella construye su identidad primero asumiendo estos dos extremos en sí misma e intentando aplicarlos de forma performativa constantemente. Eventualmente se dará cuenta que su propia feminidad no puede estirar al espectro que cubre Anthy y que, a la vez, su propia masculinidad (o su animus) tampoco está satisfecha con el modelo que representa Akiho. Entonces, Utena encuentra el poder de revolucionar al mundo justamente al crear una tercera vía en que no solo se necesita la integración de ambos modelos (como lo harían Princess Knight o Rose of Versailles antes de ella), sino también la modificación de estos mismos modelos para ajustarse a su propia realidad, más allá de la hegemonía ejercida por quien ostenta el poder.

Utena no es sólo una revolución dramática y literaria que presiona y moldea los géneros en que se clasifica el manga, sino que es también un fiel representante de las revoluciones sexuales que se daban a su alrededor en el mundo, con un discurso claramente subversivo y queer que apuntala no sólo a romper los modelos de género hegemónicos haciendo un vaivén entre extremos, sino a proponer nuevas vías de expresión performativa, nuevos modelos de género más allá del binario y cuestionamientos a las figuras mitológicas del hombre, la mujer y el héroe, para reconstituir nuestras narrativas sociales en un mundo fluctuando entre dos siglos, en el cual los cambios fueron socialmente acelerados.

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