Recientemente ha terminado el anime Mahō Shōjo Ore, en el que Saki y Sakuyo se convierten en chicas mágicas poco convencionales: hombres musculosos en minifalda. Si bien Ore es, evidentemente, una parodia del género, su trabajo parecía ser menos interesante y profundo (salvo la idea de las transformaciones mágicas) que otros productos similares como Cute High Earth Defense Club Love! o Mahō Shōjo Nante Mouiidesukara, aborda conceptos poco explorados por parodias anteriores que sí so dignas de mención y análisis. Además, dedicaré un apartado final a los últimos tres capítulos de Ore que levantaron la historia y lograron cerrarla para dejar a Ore como una estrella digna de mención dentro del género.

Meta Mahō Shōjo, la magia dentro de la magia
Cuando estuve en la universidad, tomando clases de artes visuales, un profesor nos decía «no muestres los calzones» cuando se refería a los trucos de iluminación y edición de video. Ore los saca, los ondea al viento y los muestra con orgullo, no sólo los propios, sino los del género también.
Mahō Shōjo Ore abre la historia de forma tradicional, a lo Madoka o Raising Project, como si quisiera guiarnos a la idea de que será otra serie tradicional, al estilo de las niñas mágicas de los 90’s. Sin embargo, rápidamente hace el giro hacia las primeras acciones contestatarias, rápidamente poniendo en evidencia los recursos comunes dentro de los tropos del género.

Después de esta primera secuencia, Ore desarrolla lo que será su historia real y en un primer episodio cierra el prólogo de la historia, dándonos la información importante que necesitaremos a lo largo de los 12 episodios: Saki y Sakuyo son idols fracasadas con un manager que ama las niñas mágicas, Saki está enamorada del hermano de Sakuyo (otro idol con un extraño compañero), pero Sakuyo ama a Saki en secreto. Estos conflictos amorosos son esenciales para la historia (y una burla de este tipo de subtramas en el género) ya que los poderes mágicos en Ore provienen de los sentimientos profundos de amor de cada personaje.
El incidente que da pie a la evolución del relato es la llegada de Kokoro-chan a la vida de Saki: Kokoro es un yakuza (una especie de mafioso o asesino a sueldo japonés) que conoce a la madre de Saki de tiempo atrás porque él es en realidad un hada mágica que fue el apoyo incondicional de la madre de Saki cuando fue una niña mágica.
Saki deberá obtener sus propios poderes al confesar su amor por Mohiro y acudir a rescatarlo de unas criaturas malignas por más kawaii; pero al hacerlo, descubrirá que ser una niña mágica no es exactamente lo que esperaba.

Ore no sólo se burla de las convenciones tradicionales del género, sino del anime en general como arte y como industria y su crisis actual: habla acerca del rol de los animadores, de los problemas burocráticos de los estudios, de episodios de relleno y de personajes mal diseñados. Incluso, Ore dedica un capítulo completo a una historia totalmente ajena a la trama de Ore que, si bien carece de sentido dentro de la fantasía del mundo creado, es una profunda analogía del proceso empresarial que requiere la creación de un anime, sus problemas financieros y el rol de los creativos dentro de un monstruo industrial (el cual es, literalmente, un monstruo durante el capítulo).
Para mí, Ore cumple su cometido sobre la media ya existente en puntos específicos:
- Burlarse del discurso tradicional que toma la magia como una metáfora de la sexualidad femenina, a través de este elemento trans de las protagonistas
- Aprovechar el espacio para hablar del anime como industria y lo que el mahō shōjo representa comercialmente dentro de esta
- Cuestionar la apariencia estética de los acompañantes mágicos, no sólo su moralidad, ya que si bien Kyubey o FAV pueden ser elementos bastante rebeldes ante la norma del género, siguen suscribiendo en las reglas estéticas tradicionales
- Abordar la sexualidad femenina de la mujer adulta y su rol en un género que las ha relegado a agentes invisibles
- Cuestionar el uso de magia como metáfora y censura de la violencia, recurriendo a una verdadera violencia, para evidenciar como, si bien brillantina y corazones, no dejan de ser productos con carga evidente de violencia fantástica
Cuestionando la sexualidad, en todos los sentidos
Ore es un producto sumamente queer en el sentido que desafía abiertamente muchas reglas de género que como sociedad hemos asumido, desde todos los flancos: Ore aborda el sexo como determinismo biológico, la sexualidad como performance y construcción social, la atracción sexual como parte de la identidad que fluye y la expresión de identidad como un elemento integrador.
El sexo como determinismo biológico: En la fantasía de Ore, las chicas modifican sus cuerpos con magia para tener la apariencia de hombres grandes y musculosos, aparentemente más «adecuados para el combate». Si bien su identidad no se ve alterada, sus cuerpos sí, presentando un acercamiento quizá un poco más agresivo a la transexualidad dentro del género (que, por supuesto, no es el primero que se hace), ya Sailor Moon lo haría desde los 90’s). Esta idea de que el cuerpo puede ser modificado para cumplir con las necesidades mágicas es donde está finalmente la punta de lanza. Las Starlight en Sailor Moon de los 90’s fueron una decisión cuestionable de Toei pero cumplían el propósito de mantener el interés amoroso de Usagi ante la pérdida de Mamoru; La Pucelle en Raising Project cumplía la función de mantener el cast «all female» y la idea de que sólo las mujeres son chicas mágicas, a pesar de ser un varón. Sin embargo, Ore ve la transición del cuerpo como una verdadera necesidad, no simbólica, sino práctica. Para Ore, el cuerpo es un instrumento que se puede moldear según el gusto y la necesidad.
La sexualidad como performance y construcción social: Saki tiene una identidad femenina, la cual no se pierde tras la transformación, ni su magia se adapta a la nueva forma. Ore posee el cuerpo aspiracional del héroe a lo He-Man, pero su vestimenta continúa siendo tradicional del género, su performance sigue siendo femenino: es decir, Saki sigue dentro, su identidad está intacta a pesar de los cambios evidentes en su apariencia física. Ore nos enseña con ejemplos sencillos la diferencia que existe entre los conceptos: «sexo», «sexualidad» e «identidad de género» y afirma que, si bien estos están relacionados entre sí, no pueden verse como uno mismo al momento de integrarse dentro del sujeto.

La atracción sexual: Ore está lleno de sexualidades variadas y fluídas, construyendo un tramado amoroso que es uno de los principales argumentos del relato: Saki (mujer) ama a Mohiro, quién a su vez parece tener una atracción sexual hacia Ore (Saki varón) mientras Sakuyo (mujer) ama a Saki y a Ore por igual, finalmente, Saki no parece tener repulsión sexual hacia Sakuyo (varón) sino a la idea de que sea su amiga Sakuyo. Aunque es, ya en términos del relato, fácil de entender y razonar, esta maraña se sexualidades es sumamente simbólica, porque demuestra lo frágil que puede ser el tramado sexual en sus diferentes niveles, despertando preguntas como: ¿la atracción que tienen los personajes es sexual o emocional? ¿por qué Saki desea sexualmente a Mohiro pero no a Sakuyo (hombre) si tienen la misma apariencia? ¿la atracción sexual que Mohiro tiene por Ore será la misma si supiera que Ore es Saki? ¿si Saki y Mohiro tuvieran intimidad, cómo afectaría el concepto de sexo y sexualidad de Saki este encuentro? ¿cómo se desarrollaría el acto sexual? Ore hace una referencia importante en el capítulo de los baños a que el supuestamente llamado «love power» que le permite a las niñas transformarse, no es enteramente emocional, sino también sexual y erótica y es esta situación la que pone a Ore muy fuera del espectro normal del mahō shōjo.

Un final inesperado, Ore se despide con éxito
Podríamos clasificar (el mismo fandom lo ha hecho) a Mahō Shōjo Ore como un anime ligeramente flojo. La historia tuvo una evolución extraña con un inicio álgido, un centro casi indiferente con un buen clímax, para cerrar con un tercer acto muy bueno.
Ante el anuncio del final de serie, Ore parecía que llegaría a su final en el mismo riel que se movió todo el segundo acto y que tendría, si bien algo emocionalmente álgido (así como es tradición en el género) no vendrías sorpresas mayores. Sin embargo, sí las hubo.
SPOILER ALERT! Si no has visto / leído Mahō Shōjo Ore para este punto, hazlo y luego regresa.

Ore nos ofrece un final bien escondido e inesperado que no es gratuito, al contrario, se fue construyendo toda la serie con esta aparente narrativa naïve y amateur que nos engaña a creer que todo está a la vista, cantado y predecible, para llevar al espectador a un giro dramático que podrá ofrecer un segundo clímax al final de la historia.
Cuando Ore nos revela que el compañero de Mohiro es en realidad el rey de las hadas, tal cual un deux ex machina marca mágica, nuestra atención gira hacia el antagonista del relato o más bien, a la temporal ausencia: si este personaje que estaba construido con todos los rasgos del villano resulta no serlo, ¿dónde está aquél que enfrentaremos al final? La respuesta no tarda en llegar y así descubriremos que el gran villano es, en realidad, el manager de las chicas.
Este giro, si bien absurdo en términos de la trama, está construido (dentro de la ironía usual de Ore) de manera que sea orgánico y respete el relato original, sin causar alteraciones inverosímiles. El perfil del villano central encaja perfecto y la resolución también. Ore se rehúsa a cerrar en ese relativo bajón a la mitad de la serie para remontar alto con un final digno del mahō shōjo.

Este final nos regala además una visión cómica de tropos que Ore aún no había abordado y que son comunes en el género: la redención del villano (algo muy 2000s), el uso del poder mágico ultra kawaii, los monólogos emocionales de derrota de los héroes y el revival y ensamblaje del equipo mágico ante la última batalla. Quizá Ore sólo carece de uno de los tropos comunes (por supuesto no obligatorio) del género y es la asunción a la divinidad de la chica mágica. Por supuesto, esta ausencia no demerita su trabajo ya que ofrece un mensaje propio y una postura política: llevar a lo mundano las narrativas mágicas y reducirlas a una temporalidad identificable; es decir, aventuras que cualquiera puede tener en su vida, no sólo aquellos personajes destinados por la historia a ser los salvadores del universo.

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