Lista de ingredientes: Mahō Shōjo

Niñas mágicas existen muchas y en formas muy variadas y el género que se volvió mundialmente popular al inicio de los 90’s (a pesar de existir desde los 60’s) tiene ahora tropos que sin duda ya nos son familiares y que la post modernidad moldea para parodiar el género desde sus fundamentos.

Aún así, ¿cuáles son estas convenciones que tenemos ya tan internalizadas? ¿Cuáles le serían indispensables al género? ¿Cuáles son itinerantes en los más de 50 años de mahō shōjo? Haremos un breve ejercicio de deconstrucción, echando mano de los preceptos estructuralistas para tratar de dar con las vigas imprescindibles que sostienen el género y que nos ayudan a diferenciarlo de los demás productos culturales que se le parecen.

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Para mí, esta es la lista de ingredientes del mahō shōjo:

Nos podría parecer de forma superficial que el mahō shōjo es esencialmente niñas con poderes mágicos; sin embargo, el espectro del género es tan amplio y, a la vez, tan específico, que es necesario recurrir a la estructura básica del género para discriminar qué convenciones sí y no le son, no propias, sino indispensables.

¿Cómo distinguimos al mahō shōjo de otros (sub)géneros como los superhéroes? ¿Cómo diferenciamos adecuadamente entre Nanoha y Wonder Woman? ¿Cómo separar entre Sally the Witch y Hermione Granger? Cuando la magia y la feminidad no son suficientes.

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Para mí, el mahō shōjo contempla tres aspectos cruciales al ser un «mito» de representación y estos son: la representación de la sexualidad e identidad femenina, la representación de la mujer dentro de las estructuras sociales de poder y la representación de la mujer como agente transgresor de cambio. Así es como lo hace:

Transformaciones mágicas: la coreografía tradicional del género

Uno de los tropos más recurrentes en el género es la deliciosa secuencia de transformación en que las chicas mágicas activan sus poderes y se convierten en su nuevo «self» para luchar contra las fuerzas del mal (o el tedio de la cotidianidad por lo menos). Disfrutemos brevemente de este recurso estético antes de abordar su importancia estructural:

Desde sus inicios, las historias del mahō shōjo han sido una metáfora del «coming of age», el paso de la niña a la mujer madura y su despertar sexual y emocional. Este proceso psicosocial es representado aquí por la transformación mágica.

Esta transformación puede ser evidente, como es el común de las chicas mágicas; temporal como sería la transformación de Star Butterfly o Mako chan; o simbólica como las transformaciones de Sakura Kinomoto o Chocola y Vainilla en Sugar Sugar Rune.

Si tratáramos el discurso del mahō shōjo como un «mito», para hacer referencia a las propuestas teóricas de Barthes, la transformación mágica es el signo que soporta icónicamente la representación de la maduración personal; es a través de este proceso que las chicas cambian tanto literal como físicamente y será el detonante de su transformación permanente al final del relato.

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Los procesos de significación que dotan de sentido a la transformación mágica como representación del «coming of age» son comúnmente las siguientes:

La sexualización del cuerpo: un tema del que podríamos hacer una entrada completa (spoiler?). Lejos del conflicto y juicio moral, la representación tiene un propósito comunicativo a cumplir: la aprehensión de la sexualidad como una forma de empoderamiento. Para el mahō shōjo, la sexualidad femenina es una de las mayores fuentes de poder de sus protagonistas, ya sea de una forma muy literal como el uso del atractivo físico en Marvelous Melmo o de manera más discreta como Creamy Mami no hay duda que la adopción de una figura físicamente más desarrollada o un atuendo revelador son ingredientes comunes en los productos del género y básicos para el discurso del «coming of age»: a través del ejercicio del poder mágico, la niña podrá madurar a una mujer adulta y encontrarse cómoda en su propia madurez sexual.

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El Otro como forma de definición de la identidad: otra significación importante dentro de la representación femenina a través de la transformación mágica como función de enfrentarse a uno mismo. La protagonista debe dejar de lado lo que ella consideraba su vida regular y abrirle espacio a sus responsabilidades mágicas y esto tiene un fuerte impacto en la construcción de su «Yo», en la definición de su identidad en un proceso que llegará a la eventual integración, como en Sailor Moon, la renuncia por elección propia, como en Yuki Yuna is a Hero o la completa fagocitación del Yo por el Otro Yo como en Madoka Mágica. La metamorfosis por acción de la magia es un símbolo de la construcción de uno mismo y lo que es, parte crucial en el proceso de maduración humana.

El mahō shōjo encuentra comúnmente su campo de batalla en ese punto intermedio del desarrollo en que la persona no es infante ni adulto, ese limbo entre la inocencia y la madurez, esos «no-mujer» (como Cutie Honey) y «no-niña» (como Minki Momo) que definiríamos a través de la teoría de Greimas, contrastando dos conceptos socialmente aceptados por consenso: qué es una mujer y qué es una niña.

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Gracias a este elemento, para mí indispensable, cumplimos con la premisa de la representación femenina desde su identidad y sexualidad.

Ayuda de otro mundo: hadas y yakuzas mágicos

Pareciera que después de medio siglo de chicas mágicas estas no pudieran existir sin un compañero mágico que las guiara y dotara de poder fantástico. Más que una simple convención, para mí este es el segundo ingrediente indispensable (pero adaptable) para estructurar el género.

El hada acompañante cumple también una función vital que parte de dos vertientes cruciales en la temática del mahō shōjo:

Por una parte, es esencial como un guía moral y paternalista para la protagonista. Estos seres fantásticos cumplen fundamentalmente el rol paterno de las niñas, disfrazados de ficción; es decir: ejercen la autoridad que Freud definiría como «la imposición de la ley» y serían, en cierta medida, representaciones de la castración infantil que debe ser superada para alcanzar la madurez adulta. Estos personajes pueden ser benévolos (como Luna y Artemis) o malévolos (como Kyubey y Fav) pero su función es virtualmente la misma: establecer las reglas del juego en el mundo mágico al que las chicas entran y llevarlas hacia el cumplimiento de su misión, sin importar si el final es o no trágico.

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Una segunda función importante dentro de la representación femenina que desempeñan estos personajes es el de ser facilitadores en el proceso del empoderamiento femenino previos a un ejercicio total del poder por parte de la chica. Ellos son en un principio los facilitadores del poder, el cuál la chica ejerce sólo a través del permiso de estos seres que serían, simbólicamente, los agentes hegemónicos de la sociedad, activando el flujo del poder entre la esfera hegemónica y el individuo, antes de soltarlo completamente y permitirle crear un nuevo orden, un nuevo «régimen de la verdad» para respetar los términos de Foucault.

Por lo tanto, su rol es fundamental para el relato ya que es a través de ellos que construimos la representación de la mujer dentro de una estructura de poder y su posición para cambiarla.

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Es prudente aclarar que estos personajes no siempre tienen la forma de una mascota animaloide kawaii, pueden aparecer de formas variadas que van desde lo humanoide: como Rockin Robin (Sugar Sugar Rune), Yue (Card Captur Sakura) o Kokoro-chan (Magical Girl Ore), tradicionales como en Shugo Chara, hasta estar sumamente codificados en otros ingredientes como el espejo de Himitsu no Akko-chan que actúa como su hada y tótem a la vez.

El tótem mágico: una representación del poder fálico

El último ingrediente indispensable para mí para la existencia del género es el uso del tótem mágico como símbolo intransigente de los poderes de la chica.

A la par de su influencia simbólica dentro del mito del mahō shōjo, el tótem mágico es también la muestra de que los productos culturales no sólo responden a condiciones artísticas sino también económicas.

Como breve recuento: los tótems mágicos fueron introducidos en la primera década del mahō shōjo, creando una dicotomía en el medio entre las chicas que los poseían (la magia investida) y las que no (la magia heredada). Con el tiempo, las chicas que poseían este tótem mágico demostrarían ser más rentables, especialmente en la fabricación de juguetes y réplicas de estos objetos, hasta que eventualmente y por las demandas del mercado, todas las chicas mágicas migrarían casi en su totalidad a este recurso.

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El tótem primeramente cumple una función simbólica del poder fálico; es decir, mientras es literalmente el objeto que le permite a la chica mágica tener acceso a sus poderes es también simbólicamente un ícono de su ejercicio del poder para convertirse en un agente de cambio en el mundo, positivo o negativo, notable por los demás agentes sociales o no, eso no importa sino la potencialidad de influir directamente en el mundo, tanto en el ficticio como el real dentro del relato.

El tótem mágico es entonces la llave que le da acceso a la chica al ejercicio temporal del poder y que funge como el instrumento que le ofrece la madurez sexual instantánea sin alterar permanentemente su estado de inocencia infantil. El tótem puede ser un objeto ajeno completamente de la identidad personal de la chica (como en Ojamajo Doremi), puede ser generador de un yo virtual desprendido de la identidad de esta (como en Corrector Yui) o pueden ser un ante totalitario que consume por completo la identidad de la chica (como en Madoka Magica); sin embargo, la función sigue siendo la misma: la representación totémica (valga la redundancia) del poder sin el cuál están desprovisto de este, por lo que están invariablemente atadas y sometidas a este.

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A su vez, estos objetos suelen ser también representaciones simbólicas de lo femenino en un ambiente hegemónico: joyas, polveras, varitas, collares y demás representaciones de la feminidad según el «régimen de la verdad». Esta representación cuasi cliché de lo femenino cumple un rol importante en el discurso global del mahō shōjo: el cuestionamiento de la feminidad idealizada por la hegemonía. Así, al integrar en este objeto tanto la fuente de poder fálica como la carga simbólica de lo femenino, se crea un signo que integra lo masculino y lo femenino y que es símil del género mismo: mujeres empoderadas que buscan transgredir las reglas establecidas de lo femenino a través de las reglas de esta misma hegemonía. El agente social sólo puede alcanzar este cambio (tanto la transformación personal como el cambio en su entorno) al integrar en un sólo objeto mágico todas estas mitologías sociales y así poder realmente construir una nueva realidad.

Así se cumple la tercera gran parte del discurso del género: la representación de la mujer al poder como agente de transgresión y cambio.

Estos son, según mi análisis, los tres elementos indispensables para poder entender el género y clasificar un producto cultural como tal; existen claro otros tropos comunes como la posesión de poderes mágicos, la existencia de mundos fantásticos, el amor juvenil no correspondido o la elevación de lo femenino a la divinidad; sin embargo, estas convenciones podrían llegar a ser dispensables o compartidas con otros géneros que visten y complementan las bases discursivas del género, las cuales son levantadas por estos tres elementos enlistados anteriormente.

¿Qué te parece esta conclusión? ¡Compárteme tus ideas! ¿Qué crees que define al género? Hablemos niñas mágicas.

Una respuesta a «Lista de ingredientes: Mahō Shōjo»

  1. […] descansa la metáfora mágica. Sakura tiene, a su manera, muchas de las características de este tropo: tiene una secuencia mágica de transformación (aunque no sea de ella tal cual, ahorita […]

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