¿Cómo visualizamos lo femenino en la sociedad moderna, a través de las metáforas en Madoka Magica?
En Madoka Magica, las puella magi tienen una labor que aparenta ser muy simple: luchar contra las brujas, unos seres amorfos y estéticamente ajenos al mundo que causan maldiciones y sufrimiento a los humanos. Estas brujas son perseguidas y derrotadas por las niñas mágicas, siendo esta esencialmente su labor principal.
Madoka Magica puede leerse desde muchos ángulos como una apología de lo femenino como concepto social de género, en un brevísimo recuento histórico y haciendo énfasis en la representación moderna de este concepto, a través de la dicotomía formada por las puella magi y las brujas.

Spoiler alert: Eventualmente en la trama descubriremos que las brujas son en realidad puella magi cuyas gemas del alma se corrompieron y se convirtieron en versiones monstruosas de sí mismas, convirtiendo la dulce luchadora de la justicia en una amenaza para otras puellas y personas civiles por igual.
Esta revelación nos llega al final del tercer arco dramático en el relato, justo en el clímax y gracias al cierre del relato de Sayaka quien actúa como nuestro conejillo de indias de esta transformación.

¿Cómo leemos esta relación paralela, desde una perspectiva de género y de poder, entre las puella magi y las brujas?
Veamos primero las representaciones que están sobre la mesa:
En el inicio del género, las niñas mágicas han representado un lado de lo femenino que el anime en los 60’s y 70’s difícilmente tocaba: la mujer como centro del relato, como agente activo en el ejercicio del poder y como figura autónoma desligada a la necesidad de compartir protagonismo con un hombre. Hasta la fecha, el mahō shōjo se mantiene como un mito sobre la independencia y el empoderamiento femenino, siendo la magia metáfora de este ejercicio del poder y ciñendo el discurso casi exclusivamente a un momento específico: el despertar sexual y la maduración personal (el coming of age de niña a mujer).
Madoka Magica, tanto como producto literario como ejercicio de deconstrucción del género mantiene vigente este discurso y ve a las puella magi como mujeres jóvenes que despiertan a la madurez y se convierten en agentes activos de cambio en el mundo.
¿Cuáles es la fórmula que compone a una puella magi, según Madoka Magica?
En primer plano, tenemos la potencialidad. Kyubey asegura en varios puntos de la historia que hay un tipo especial de niña que puede convertirse en puella magi y que esta selección depende del «poder kármico» de ella y el posible impacto que tenga en el mundo a su alrededor. En un momento regresaremos a este punto.
El segundo elemento es el deseo. Toda niña que busque convertirse en una puella magi debe hacer un contrato con Kyubey quien, a cambio, les concederá un deseo, aparentemente libre de restricciones, a cambio de su transformación.

Entonces, este segundo elemento fagocita al primero y con el deseo de Madoka descubrimos que lo que el anime menciona como «potencial kármico» no es más que una metonimia de los deseos de la chica y que, por lo tanto, el requisito clave para ser una puella magi es tener deseos y, no sólo eso, sino deseos fuertes. Kyubey depreda en dos tipos de mujeres: aquellas cuyo deseo busca superar la desesperación y los horrores del mundo (como Mami y Madoka) y aquellas que buscan, a través de su deseo, detonar un cambio en el mundo que hasta ese momento les era imposible por sus propios medios (como Sayaka y Kyoko). Entonces, el anime nos clasifica a la niña mágica (es decir, a la mujer empoderada) en dos tipos: la que ejerce el poder para liberarse de la opresión social y la que ejerce el poder para luchar activamente contra la hegemonía.
Hecho el contrato y creada la puella magi, tenemos otros elementos que la compone y que es necesario analizar brevemente antes de abordar por completo la dicotomía con las brujas:
La gema del alma es un elemento fundamental. Este es el tótem mágico, tropo común en el género, que contiene los poderes de las puella magi; sin embargo, en la serie, esto va un paso más lejos y nos enseña que las gemas son, en realidad, la materialización del alma de la chica y que esta ahora radica dentro del tótem mágico, por lo que sus cuerpos materiales no son sino un instrumento.
Madoka Magica hace el primer gran contradiscurso del género en este segmento. La mujer, en su ejercicio del poder, se ve de cualquier forma subyugada a los deseos de una esfera más poderosa y se convierte exclusivamente en un objeto, representado doblemente: su cuerpo físico, símil de su sexualidad, como un objeto de uso desechable y su alma, símil de su identidad, como un objeto frágil y puramente decorativo.

Es aquí donde la cruda crítica social de Madoka Magica cobra sentido y busca reflejar una sociedad que, en apariencia, se esfuerza por mostrarnos a la mujer en una nueva posición de poder, en una aparente liberación, pero que no ha dejado completamente atrás los comportamientos que agreden a lo femenino, que siguen oprimiendo al género y que mantienen un oculto status quo en la fachada de la falsa emancipación. Sí, dice Kyubey, te concedo un poder que antes no tenías; pero sigues respondiendo a mis deseos hegemónicos. La mujer aparentemente empoderada sigue siendo un objeto para la sociedad patriarcal que pierde valor cuando ya no es útil…
O peor aún, se convierte en una amenaza a la hegemonía cuando quiere salirse de ella y voltea su poder hacia esta esfera dominante. Es aquí donde el mito de las brujas cobra sentido.
Kyubey, al momento de la transformación de Sayaka en Oktavia, dice (parafraseando): «el término bruja se refiere a una mujer adulta que puede hacer magia, por lo tanto es entendible que a las mujeres mágicas que no han alcanzado la mayoría de edad se les llame niñas mágicas«. Esta es la máxima que resume la tesis completa de la exploración y crítica de rol de género en Madoka Magica.

Esta dicotomía resulta en una posible lectura que secciona y separa la identidad femenina entre lo que emociona y lo que transgrede a la sociedad hegemónica, para verlas como dos entes completamente separadas. Entonces, este «ente empoderado» (empoderado aparentemente a través de la voluntad de la sociedad patriarcal) es kawaii, deseable, divertido y atractivo mientras sigue nuestras reglas de la hegemonía, mientras sirva al propósito del poder dominante; sin embargo, cuando se revela contra este y vuelca su poder contra las reglas de lo que Foucault llamaría «el régimen de la verdad», entonces se convierte en una amenaza, amenaza que debemos acabar, cruel e irónicamente, con otras puella magi.
Momentos antes de la transformación de Sayaka, ella escucha una conversación en el metro entre dos hombres que se refieren a otra mujer con un discurso altamente misógino. Sayaka los desafía y los enfrenta y, si bien el anime no es claro al respecto de su ella utiliza o no sus poderes contra ellos, la metáfora se completa. Este es el punto sin retorno para Sayaka, el momento en que su poder femenino es usado para agredir no a la amenaza (también de origen femenino) que por consenso (por «régimen de la verdad») hemos clasificado como tal, sino que ahora agrede a quienes, en esencia, están dentro de la esfera de dominación y a quienes ella debería servir.

Urobuchi orquesta un mensaje que refleja comportamientos sociales normalizados en que podemos ver esta dicotomía y la escisión de lo femenino entre lo que es «aceptable» y lo que no. Conductas que son deseables y aplaudidas en las niñas como el ser líderes, tener opiniones y ser exitosas académicamente, al ser llevadas a la edad adulta se convierten en «agresión» y se les cambia la etiqueta: ahora ya no son atractivas, sino intimidantes y la mujer líder se convierte en «perra», con opiniones en «radical» y la exitosa en «obsesiva». Ya no son puellas magi, ya son brujas y, por lo tanto, el enemigo.
A través de esta crucial dicotomía, se construye el discurso de Madoka Magica que, más allá de sólo ser un ejercicio de deconstrucción del género mahō shōjo, lo es también de nuestra visión de la feminidad, de nuestros estratos de poder en la sociedad y del mismo «régimen de la verdad» actual que, si bien quizá no es propositivo, es excesivamente crítico en la denuncia y busca evidenciar el papel que en realidad seguimos delegando a la mujer socialmente; a pesar de nuestras supuestas declaraciones de igualdad de dientes para afuera.

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