Yuki Yuna is (indeed) a Hero – Parte 2

Dark Magical Girls en escrutinio

Al terminar el primer arco de Yuki Yuna, aún podríamos dejarnos llevar por las apariencias y asumirla como una serie de corte tradicional con aislados momentos de mayor densidad. No será sino en el segundo arco (los siguientes cuatro episodios) donde Yuki Yuna dejará el camino libre y seguirá la ruta trazada por Madoka Magica.

Del episodio 4 al 5 hacemos un salto dramático exponencial y abrimos de lleno con la acción. Al inicio de este segundo arco, vemos a las heroínas enfrentar a los Vertex restantes, todos a la vez, en un ataque masivo que las llevará al límite de sus fuerzas y, eventualmente, al despertar de su fuerza superior, una forma casi “divina” de la heroína llamada: Mankai.

El enorme “hueco” que parece haber de un cambio de arco al otro sí tiene una función narrativa importante y es la de sintetizar completamente lo que sería  Yuki Yuna si realmente se desenvolviera como un mahō shōjo tradicional: las heroínas llegan al límite de sus fuerzas y vencen a la adversidad tras una elevación a lo divino que restaura la paz y el orden en el mundo. Si Yuki Yuna se hubiera escrito en los 90’s, aquí terminaría la historia. En la segunda década de los 2000s, este capítulo se encarga de enlistar fervientemente las convenciones tradicionales del género y cerrarlas, para avanzar el relato a una nueva modalidad.

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Tras la destrucción de los Vertex y el despertar de sus Mankai (de todas, excepto Karim), las chicas regresan a un mundo ordinario en aparente paz, como si la serie quisiera intentar un último engaño en cuanto al género de esta; hasta que nos otorga un simple detalle: las chicas conservan sus heridas de batalla.

Sensibilidad y sentido: el poder se paga con la carne

El segundo arco juega una especie de suspenso contenido, ¿qué hacen las chicas ahora que no hay Vertex? ¿por qué continúa la historia sin la necesidad de un villano último? ¿por qué la pérdida de sus sentidos y habilidades físicas no es temporal? El espectador espera ansioso que estas secuelas desaparezcan con el tiempo o con su “viaje a la playa”, pero parece que no será así.

El espectador comienza a estar intranquilo, queda aún la promesa de algo inconcluso y esta tensión se reflejará en Togo a través de quién la audiencia podrá jugar el rol del detective de forma vicaria. Este arco nos mantiene en constante expectativa y constante duda, al principio (así como sucede con el final del primer arco) puede parecer carente de sentido pero es un trabajo inconsciente del relato en que construye más y más las expectativas antes de soltar la primera revelación de impacto: cuál es en realidad el destino de las heroínas.

Aprenderemos, a través de Sonoko Nogi que el precio de ser una heroína se paga con el propio cuerpo y que la probada de divinidad que experimentan las chicas a través del mankai no llega sin consecuencias.

Esta revelación altera completamente la visión de las chicas y del espectador entorno a lo que significa ser un héroe, transitando de una figura de poder y pieza clave para la supervivencia del mundo a un sacrificio humano necesario para mantener un frágil status quo.

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Sonoko es una figura débil y desmembrada, su cuerpo está cubierto totalmente con vendajes y sus extremidades ya no poseen la capacidad de moverse. Ella les explicará a las heroínas que son piezas en un juego divino superior que las obligará a proteger el mundo a costa de su propia autodestrucción. En este punto, la similitud entre Madoka Magica y Yuki Yuna es más evidente que nunca y mientras el espectador se empapa del giro sombrío que ha adquirido la serie, comienza a cuestionar todos los elementos a los que ya estuvo expuesto y que, incluso, siempre estuvieron frente a él y pasaron desapercibidos.

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Es aquí donde los capítulos de aparente “relleno” toman su verdadera importancia ya que hasta el momento la serie no ha sido contestataria ni con el estilo de vida del mundo que presenta, ni con la religión ficticia que profesan ni con la sociedad ominosa que maneja el mundo de los héroes. Todo esto es ahora blanco de la mirada crítica del espectador y los personajes al hacer recuento de los sacrificios hechos: ya no son daños colaterales, ahora es personal.

Togo, al igual que Akemi Homura, es la primera en poner en evidencia este nuevo orden del mundo y cuestionar su aparente funcionamiento. A ella se sumarán poco a poco Fuu, quien llegará a un quebrantamiento histérico por el sentimiento de culpabilidad ante la pérdida de la voz de Itsuki y Karim quién se alienará completamente del equipo. Ahora es claro que sus heridas de combate no sanarán mágicamente y que, de hecho, la magia es en sí la enfermedad latente que las matará poco a poco. Con esto, la serie empuja a los personajes a un punto crítico y sin salida y lleva con ellos al espectador: con los Vertex destruidos las heroínas ya no tienen un propósito, aún así no son recompensadas por su labor y están obligada a mantener esta “enfermedad” por siempre ya que ni siquiera pueden morir por completo.

Así como sucedería con el uso constante de la magia y el mankai, los personajes son simbólicamente desmembrados con cada nuevo episodio, desprovistos totalmente no sólo de su libertad de decisión, sino también del control de su propia vida. Este abordaje al relato sombrío es una de las principales diferenciaciones entre Yuki Yuna y Madoka Magica (nuevamente, no porque sean el mismo producto, sino porque responden a una misma corriente).

Mientras que Madoka Magica se centra en la discusión de la feminidad y su rol en los juegos de poder sociales desde una perspectiva económica (el alma a cambio de un deseo, la gema del alma y las semillas de sufrimiento como una transacción obtenida de las luchas) y como los personajes son abusados por un sistema gigantesco que los usa como moneda, Yuki Yuna aborda lo femenino desde el agente físico: el cuerpo mismo y el placer de consumirlo, y desde el agente divino: la feminidad aparentemente elevada a un nivel inalcanzable pero denigrada en toda práctica material.

La diosa en pedazos

Yuki Yuna presenta un escenario bastante sombrío, incluso en contraste con Madoka Magica, en lo que se refiere a la visión de la mujer como objeto de deseo, como agente social y como figura de devoción.

En Madoka Magica las chicas son tratadas abiertamente como ganado, incluso Kyubey utiliza esta palabra como alegoría a su relación con las puella magi. En Yuki Yuna en cambio la visión de la mujer y su rol en la permanencia del status quo es más perverso.

A través de Sonoko se nos revelará como las heroínas son tratadas como diosas, no como ganado, atendiéndolas y ofreciéndoles las “mayores comodidades” en pago recíproco de su gran sacrificio. Aquí vemos los siguientes valores que son cruciales para el entendimiento del discurso perverso en la historia de Yuki Yuna:

  • Por una parte, hay una aparente divinización del héroe, casi como agente mesiánico, en quién se pone la supervivencia del mundo. Este rol heroico es asumido por las mujeres jóvenes en edad escolar a través de un proceso de selección aparentemente desconocido. Estas chicas cumplen el perfil del shōjo como objetivo demográfico y están en la etapa de desarrollo en que no son completamente niñas, pero tampoco mujeres adultas. Por supuesto, este proceso de selección no es aleatorio y, si bien la serie no nos lo dice, puede ser evidente al analizar todos los personajes y un rasgo que tienen en común: poseen un corazón inocente y dispuesto a ayudar pero a la vez carecen de propósito final en la vida y están en busca de algo que le de sentido.
  • El segundo elemento a considerar es el ejercicio de la devoción a lo divino. En Yuki Yuna podríamos reconocer dos deidades: Shinju-sama, el dios ficticio, diseñado como el árbol de la vida y que es quien aparentemente gobierna sobre el mundo e inviste de poder a las heroínas y la otra figura serían las mismas heroínas al alcanzar el estado mankai. No obstante, no se trata a ambas deidades de la misma manera ya que existe una clara estructura organizacional de poderes. Las chicas son tratadas aparentemente como diosas menores, pero diosas a final de cuenta, se les da tributo y se les reverencia; sin embargo, en toda función operativa, las heroínas aparentan más ser (por hacer una analogía conocida) una hostia que un santo. ¿Por qué esta analogía? Las heroínas son quienes hacen el trabajo de defender al mundo y aún así pagan con sus cuerpos. Pieza por pieza son desmembradas y usadas como alimento de una sociedad que las venera por su “noble sacrificio” en una visión más de culpabilidad que de devoción. Las heroínas son abusadas, canivalizadas y eventualmente martirizadas cuando sus cuerpos ya no pueden soportar más milagros (más mankai), entonces son guardadas en una repisa, como frágiles muñecas inmortales a las cuales se les vela día y noche pero ya como los residuos de lo que fueron alguna vez.

Con esto, Yuki Yuna es aún más perverso que Madoka Magica en su trato a lo femenino y su papel en los roles de poder sociales. Similar al discurso que describe Sayaka, la heroína es sólo importante y reconocida cuando sirve a un propósito específico, determinado por esferas más poderosas y una vez que han perdido su función son desechadas (Madoka Magica) o elevadas como signos divinos (Yuki Yuna) pero nunca realmente apreciadas por lo que son en realidad. Yuki Yuna nos muestra, de forma cruda y sin rodeos, la violencia normalizada que experimenta la mujer en el mundo, un mundo que la quiere etiquetar como “la diosa madre” y como “la flor más hermosa de la creación” pero toma de ella piezas hasta dejarla en los huesos.

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Derivación final: el héroe según Yuki Yuna vs el héroe según Madoka

Acercándose el final del último acto, tenemos otra gran revelación: el mundo en que viven las chicas es una utopía creada de la ilusión de su dios y descubrimos por primera vez que Yuki Yuna no tiene un escenario distópico, sino apocalíptico. Esta revelación final lleva a Togo a la determinación de destruir el mundo, ya que este carece de verdadero valor moral pues está encadenado a un destino de abuso y tragedia sin fin, en un ciclo que se repite eternamente para las heroínas.

Al igual que Akemi Homura, Togo decide tomar el asunto en sus manos y ejercer ella misma la justicia última ejecutando al mundo y sus reglas. Hasta este punto, tanto Togo como Homura comparten una visión esencialmente nihilista y representan la figura del superhombre que ahora está encima de los preceptos morales actuales y debe imponer un nuevo orden, iluminado por la experiencia que tiene. La diferencia entre ambos animes llega en la forma de ejecución de este juicio y su efecto último en todos a su alrededor, no sólo sus objetos de deseo (Madoka y Yuna).

Mientras que Homura muestra una total negligencia por todos a su alrededor mientras Madoka esté a salvo, Togo decide que no hay forma en que Yuna (y nadie en realidad) esté a salvo de este destino por lo que la única salida viable es acabar con el mundo, pero no para reescribirlo de nuevo (como lo haría Homura) sino para encontrar la paz del vacío y la inexistencia.

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Este es el punto crucial que separa exponencialmente Madoka Magica de Yuki Yuna. La segunda tiene un final más optimista. Ambas series deconstruyen la figura tradicional del héroe virtuoso, pero mientras Madoka Magica lo hace para negarla y decir que no existe semejante ente en el espectro del actuar humano, Yuki Yuna lo hace para exaltar esta figura y demostrar que sí es posible alcanzar la virtud temporal (así como el mankai) siempre que no se ciña al modelo tradicional fantástico, sino a través de una evolución moral trascendental.

Yuki Yuna demuestra que es en realidad un héroe (con todo lo que la definición de esta palabra conlleva) cuando descubre que puede conciliar todos los fragmentos ontológicos con los que lidia su mundo. Yuna entiende la perspectiva fatalista de Togo y no la juzga, pero niega su solución en pro de la colectividad (nuevamente, somos polis). Yuna decide que el mundo no puede desaparecer y pero tampoco puede seguir en el mismo camino; se rompe el status quo como detonante de revolución histórica para llegar a una nueva cultura.

Esta actitud de Yuna es en parte detonada e inspirada por Karim, quién lleva su poder al límite y queda en un estado de invalidez total tras abusar del mankai para salvar a sus amigas. A través de este sacrificio, Karim se desdibuja a sí misma y logra un total desprendimiento de la idea del “yo”, volviéndose una con el colectivo y ofreciendo su cuerpo y alma al bienestar de los demás. Yuna ve este acto y entiende al fin la forma verdadera de solucionar el conflicto latente: el todo antes de lo individual, para poder asegurar una existencia en balance las heroínas deben abandonar toda idea del individuo ególatra y volverse uno con el todo, en este caso representado por Shinju-sama, pero como una alegoría simbólica a la existencia de la sociedad como masa uniforme. Entonces, Yuna impone su visión plural al ego ciego de Togo y demuestra que sólo todas las heroínas juntas pueden llegar a una conclusión satisfactoria, aunque en ese rechazo a la individualidad se pierda por completo el sujeto.

En esta batalla, el mankai de Yuna se convierte en un árbol, una forma avanzada de su símbolo de flor y un paralelo directo de Shinju-sama. Aquí la serie nos muestra la verdadera asunción a la divinidad, la verdadera forma en que la heroína se convierte en diosa, sin condiciones, sin ser consumida por los demás. Yuna es, por unos breves instantes, la nueva deidad de este mundo y es a través de este poder que puede reescribirlo, cambiarlo y salvar realmente a sus amigas, con el poder de su propio heroísmo.

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La culminación de la pelea es seguida por un nuevo mundo, un nuevo orden que proteger pero desde la integración de todos los individuos. Tras la batalla final, las heroínas recuperan sus cuerpos por completo y son sanadas y regresadas a su condición de shōjo sin más heridas de batalla, perdonadas por el destino pues ahora ella son una con el todo y será el todo (a través de Shinju-sama) quién se protegerá a sí mismo.

El final de Yuki Yuna is a Hero podría parecer algo agridulce, pues Yuna entra en un estado de coma derivado del uso extremo de sus poderes. Sin embargo, al final comienza a recuperarse y gana nuevamente la consciencia ante el llamado de Togo, cerrando el último arco dramático y el ciclo de personaje que ambas abrieron en un inicio. Ahora es Togo la chica en total capacidad que cuida de su amiga con limitaciones físicas, pero ambas reciben el indulto divino por sus acciones, mientras Togo debe expiar su pecado de intentar acabar con el mundo, Yuna debe experimentar un forzado aislamiento en soledad (dentro de ella misma) antes de encontrarse nuevamente en el punto medio, en que las diferencias físicas, ideológicas y espirituales ya no existen, pues se han integrado como una misma.

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