Dark Magical Girls bajo el microscopio
Recientemente tuve el gusto de terminar todo el anime “Yuki Yuna is a Hero”, un producto lanzado en el año 2014 que, como muchos animes del mahō shōjo contemporáneo, se inscribe en la nueva ola del género.
Yuki Yuna is a Hero tiene una innegable influencia de Puella Magi Madoka Magica no sólo en el tratamiento de la historia y en sus tintes oscuros, sino incluso en la codificación y diseño de los personajes.
Comencemos pues por enlistar algunas de las “coincidencias” (es humor) existentes ente ambos productos antes de pasar de lleno a la discusión específica de Yuki Yuna.
DISCLAIMER: a partir de este punto todo es spoiler. Ya están advertidos.
Puella Magi Yuna Magica
Revisemos la configuración de personajes en ambos animes para encontrar paralelismos interesantes e incluso reflejos casi exactos entre los dos productos. Es importante aclarar que esta comparación NO tiene como objetivo declarar que Yuki Yuna is a Hero sea, en cualquier forma, una copia o un plagio de Puella Magi Madoka Magica; de hecho, todo lo contrario: para mí estas similitudes hablan sobre como el trabajo de deconstrucción logrado por Madoka Magica realmente actúa como un precedente importante en el desarrollo del género post Madoka y como ahora los nuevos productos son más meticulosos en sus estudios y denuncias del género, la feminidad y los clichés que se añaden a ambos.
Salvo la figura de Inobuzaki Itsuki, la correspondencia entre los personajes centrales de ambos productos es sencilla de hacer e, incluso me atrevería a decir, evidente para quienes consuman ambos productos:
Además de la relación visible entre los elencos de ambos animes, tenemos otra similitud crucial entre ambos productos: el diseño narrativo para apuntalar a la línea “oscura” del género, detrás de una fachada tradicional y alegre. Sin embargo, esto nos abre una pregunta esencial previa al abordaje del análisis: ¿qué es o cómo se define este tan sonado nuevo modelo de las “dark magical girls”?
Ni oscuridad, ni oscurantismo: ¿qué son las Dark Magical Girls?
Parte de las tendencias narrativas actuales, herencia de la post modernidad y las vanguardias del S. XX es la construcción de historias, a falta de mejor término, “oscuras”; es decir, explorar a través de la cultura los rasgos complejos de la vida humana, eliminando las dicotomías excesivamente optimistas y lidiando con conflictos existenciales, sociales y de identidad que parten de los aspectos grotescos del ser humano.
El género mahō shōjo se ha caracterizado, desde incluso antes de la llegada de Sailor Moon, por ser parte de este sesgo optimista, viendo en el amor, la justicia y la amistad una solución absoluta a los males del mundo. Sin embargo, la segunda década del S. XXI ha querido transgredir esa imagen y ha cuestionado el enfoque discursivo del género, apuntando a nuevas historias más oscuras, aún dentro de los tropos que definen el género. Sin embargo, ¿qué define en sí que una chica mágica sea considerada como “oscura?
La mayoría de las clasificaciones arbitrarias tienden a colocar como prioridad para esta clasificación elementos estéticos como la ambientación apocalíptica o la sobrecarga de violencia explícita para justificar la clasificación del producto como un “dark magical girl”. A mí me parece falaz dicha aseveración. No podemos recargar todo el peso de una subclasificación solamente a una condición esteticista. Veamos por ejemplo Sailor Moon. En toda generalidad, Sailor Moon es el epítome del modelo “viejo” de la “light magical girl”; sin embargo, Sailor Moon tiene arcos dramáticos densos como Black Moon o el arco de las Guardianas del Sistema exterior. En estos arcos podemos excavar conceptos de incesto, rencor profundo, miedo a la muerte, distopia sexual, experimentación médica ilícita y abuso sexual, todo ello en secuencias que, si bien no caen en lo gore, son de tono estético bastante oscuro.

No, la oscuridad de las niñas mágicas va en otra vía. Otra común aseveración, igualmente esteticista, afirma que el subgénero está determinado por lo explícito de la violencia, hasta ahora, fantástica. DoReMi y Card Captor Sakura, así como miles de productos más de mahō shōjo combatiendo las fuerzas del mal, tienen un alto grado de violencia enmascarada de fantasía y brillantina, para aligerar y cubrir esta cualidad. Aún así, se argumenta que la crueldad y exacerbación de esta violencia es lo que define al género, pensando en productos como Magical Girls Raising Project cuya violencia es explícita y grotesca. Una vez más, la clasificación palidece ante la realidad ya que productos que se han aceptado dentro del subgénero, como Yuki Yuna is a Hero y la misma Puella Magi Madoka Magica no abusan de este recurso. Sí, existe cierto nivel de violencia, quizá con más tono que los animes mahō shōjo de los 90s, pero en muchos casos sigue atenuada y dosificada, haciendo de productos como Magical Girls Raising Project la excepción y no la regla.
Para mí hay un elemento fundamental que nos permite realmente suscribir un producto dentro de esta clasificación y tiene que ver más con una cuestión discursiva que estética: las consecuencias individuales de lo que estas niñas experimentan y su permanencia dentro de sus afectos.
Para mí, el núcleo para definir qué es o no una “dark magical girl” depende de sus heridas de batalla. Podemos ver una Minako recibir un ataque letal y decir textualmente “está desgarrando mi cuerpo” pero no verle una sola marca en su figura inmaculada, podemos ver una Usagi llorar por la pérdida de Endymion pero salir de compras con sus amigas para olvidarlo, podemos ver morir a todas las Sailor Senshi en batalla pero renacer y reír alegremente el capítulo siguiente, como si nada hubiera pasado. En los productos “oscuros” del género esto no sucede.

Esta actitud optimista y la certeza de que todo tendrá siempre un final feliz es propio e innato del modelo tradicional. En el subgénero oscuro las chicas sufren transformaciones internas y les quedan heridas de guerra que no pueden borrar, no sólo físicamente, sino más importante aún: de forma emocional y psicológica. Una vez que ellas experimentan el trauma no vuelven a ser las mismas y llevan consigo ese dolor durante toda la historia. Togo no olvida la gran revelación en Yuki Yuna is a Hero, Sayaka jamás se recupera de su espiral autodestructiva y Swim Swim no corrige su complejo sádico con cada nuevo episodio. Eso define el género del “dark magical girls”, la premisa de que la crueldad, el dolor y el sufrimiento del mundo no se arreglan con los créditos ni desaparecen a la mañana siguiente. Es este elemento, tan ontológico y tan humanamente complejo lo que nos da la nueva clasificación pues altera una de las máximas importantes del mahō shōjo: el amor, la justicia y la amistad lo pueden todo, reescribiendo el mensaje para decir: sí, al amor, la justicia y la amistad son sistemas de apoyo esenciales en la vida, pero hay experiencias traumáticas también que tendrán su efecto en ti y te cambiarán, tardarán en sanar y ningún poder en el mundo, ni siquiera mágico, puede evitarlo.
Yuki Yuna, ¿una nueva dark magical girl?
Yuki Yuna is a Hero sigue la tradición Madokista y se suma a la corriente oscura del género, usando las mismas artimañas narrativas para intentar persuadir a la audiencia de su condición transgresora y no hacer una gala evidente de su elección de corriente narrativa.
Yuki Yuna se cuenta en doce capítulos divididos, a diferencia de Madoka Magica, en tres arcos argumentales en una estructura más clásica y que repite de forma absoluta el inicio, el desarrollo y el final, aprovechando cada espacio para alimentar su discurso central.
El primer arco argumental muestra el aparente paralelismo entre el mundo ordinario y el mundo mágico.
Así como es costumbre en el género, la serie inicia con un grupo de chicas en edad escolar que poseen un grupo estudiantil llamado: “el club de los héroes”, dedicado a hacer acciones positivas en la sociedad. Este ensamble cotidiano es súbitamente frenado por la llegada deuna nueva dimensión alterna, mágica y desconocida que las fagocita totalmente. En este nuevo mundo descubrirán que existe una amenaza latente que atenta contra la humanidad (los Vertex) y que ellas son, no sólo en título autoadquirido, sino en toda operatividad, héroes.
Este nuevo mundo transgrede lo que se nos ha establecido como el “mundo real” primero desde lo estético (en una propuesta a lo Madoka, similar a sus laberintos de bruja). Las chicas experimentan su primera transformación en este mundo y luchan por primera vez contra las fuerzas del mal. Sin embargo, al terminar esta acción y retornar a lo cotidiano descubren que este nuevo mundo tiene una influencia visible y latente en su paralelismo con el mundo real; es decir, su lucha “fuera” de nuestra dimensión, termina alterándola, por lo que su labor representa una responsabilidad mayor que la supervivencia personal, sino la colectiva: somos polis.

Con esta primera revelación, las chicas del club descubren que pueden realmente ser héroes y que el mundo depende de ellas y su intervención para sobrevivir.
Este primer arco se suscribe aún en terreno de las “light magical girls”, ya que sigue mostrando un mundo optimista y nos orilla a encariñarnos con los personajes, sus historias, sus sueños y sus limitaciones. Este primer arco, al que llamaré el “arco blanco”, es vital para el funcionamiento del giro dramático. Yuki Yuna is a Hero describe una historia que construye hasta el punto de inflexión dramática, por lo que es crucial que exista primera un mundo “de control” con el cuál contrastar el nuevo orden posterior.
Mientras que Madoka Magica nos sumerge en su mundo y muestra una total predominancia por el universo y el contexto dramático, Yuki Yuna se esfuerza demasiado por familiarizarnos con los personajes y generar una verdadera empatía con ellos, porque la piedra angular del discurso no es el universo en que viven, sino cómo cada individuo puede tener un impacto en él. Madoka busca deconstruir el género mismo, Yuki Yuna prefiere acercarse un tema específico: la figura tradicional del héroe virtuoso.
Este primer arco conjunta cuatro capítulos que parecieran describir un arco inverso: comienzan con el dinamismo y la acción a tope y terminan con un pedazo de la vida, en un episodio sobrecargado de cotidianidad. Aquí, Yuki Yuna is a Hero se atreve a explorar un aspecto común del shōjo manga (y del mahō shōjo): las escenas de la vida tranquila y cotidiana, lo que para muchos fans se etiqueta peyorativamente como “relleno”. El anime aborda este patrón tan utilizado y lo coloca en su función tradicional pero en un momento atípico. Tras la llegada de Karim y una visión constante de enfrentamientos contra los vertex, el arco cierra con un episodio que gira alrededor de Itzuki y su examen de canto. Para el espectador (ciertamente yo tuve esa primera impresión), el capítulo puede parecer sin importancia, “relleno” para usar el término común en el fandom. Este capítulo demostrará después ser importante para la evolución del conflicto y la motivación de los personajes.
Hasta este momento, Yuki Yuna no parece ofrecer nada diferente a un producto de Mahō Shōjo tradicional y al cerrar con episodio como este coloca al espectador en una posición incómoda e incompleta, con una sensación de estancamiento que eventualmente cobrará sentido y que permitirá arrancar el segundo arco, el “arco negro” con mayor fuerza.

Deja un comentario