Milagrosa entre dos mundos
Recientemente me topé con un producto animado llamado: “Miraculous, las aventuras de Ladybug y Cat Noir”, una coproducción entre Francia, Corea y Japón que habla sobre estos dos personajes que salvan al mundo diariamente y cuyos poderes nacen de unas joyas ancestrales (un muy corto resumen).
Para mí, Miraculous ha demostrado ser más que un simple show animado ya que ha logrado una verdadera integración entre conceptos aislados, borrando incluso la línea divisoria entre los géneros y las producciones nacionales. Miraculous es la muestra de lo bueno que tienen que ofrecer mundos aparentemente aislados en un sólo producto.
Si bien no es una serie que trascienda el tiempo por su impacto cultural o la maestría estética en la ejecución, tiene aportes importantes al género (por que sí, al final del día es un Mahou Shoujo) que son dignos de mención:
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La serie es un tercio francesa (aunque esta es la parte más evidente), un tercio coreana y un tercio japonesa. Desafiando las convenciones extremas puristas, Miraculous es un producto que combina la experiencia y los elementos narrativos de tres culturas diferentes en uno sólo, sin una lucha hegemónica por demostrar más “supremacía de alguna de estas influencias”, sino como elemento conciliador que toma lo bueno que tienen para ofrecer cada sección y hace un todo armónico.
En un mundo globalizado en el que luchamos tan intensamente por mantener las “raíces culturales” de nuestras naciones, se nos ha dicho que la integración es inevitable y, en veces, se nos enseña a temerle a esta mezcla. Miraculous borra las líneas de lo que consideramos “puramente occidental” y “puramente oriental” ofreciendo elementos de ambas partes pero en una sinergia que busca cambiar el paradigma purista y demostrar que, en efecto, sí pueden lograrse ejercicios valiosos al combinar los polos.
Miraculous es, en el nivel superficial evidente, “más francesa”, incluso en un símil adecuado con su protagonista quien, a pesar de su ascendencia coreana, vive y se desenvuelve bajo las reglas sociales de una chica europea. Aún así, son visibles los campos en los que ha influido la mano oriental, particularmente en la estética de los personajes y en el desarrollo narrativo de la historia.
En una cursi versión real de la convención tradicional del Mahou Shoujo, Miraculous busca ser bandera de que el trabajo en equipo puede lograr cosas valiosas, a pesar de las diferencias de sus miembros individuales y, más importante aún, lo carente de sentido que es la búsqueda constante de la imposición cultural y estética por parte de una muestra, cuando la suma de más partes puede mejorar el producto.
Ahora, más allá de las cuestiones meramente geopolíticas, Miraculous pisa terreno literario importante ya que desafía, quizá más que cualquier otro producto moderno, los límites reales del género.
A diferencia de animes como Puella Magi Madoka Magica, Neogenesis Evangelion o Revolutionary Girl Utena que han sido agentes transgresores que ponen en marcha la evolución del género pero desde los canones puritas de este, Miraculous prefiere tener un pie en un extremo y el otro en la contraparte.
Quizá esta es una aseveración riesgosa: pero el Mahou Shoujo es (en términos de edificación literaria) un reflejo similar a lo que el subgénero de Superhéroes representa para occidente. Siendo este mismo subgénero un limbo interesante entre la ciencia ficción y la fantasía occidental (género en el que no estoy lo suficientemente versado como para abordarlo a mayor profundidad), los Superhéroes son una parte masiva en la cultura pop occidental con una importancia innegable tanto en el ámbito comercial como literario.
Esta fue una de las primeras reflexiones que me generó Ladybug: “¿Es una niña mágica o una superheroína?”
Una vista rápida nos puede mostrar como la serie utiliza elementos mezclados, tomando convenciones normales del Superhéroe occidental y la niña mágica oriental en un sólo personaje:

Ladybug no está sólo desafiando los créditos de producción nacionalistas sino que incluso borra los límites del género pisando terreno que rara vez vemos en el Mahou Shoujo clásico: su rostro nunca está expuesto sino que ella sí lleva una máscara que la oculta, no está diseñada con la estética kawaii característica del género y sí enfrenta crímenes comunes, gozando de un cierto reconocimiento social como una celebridad enigmática, elementos más tradicionales en el superhéroe occidental.
Estas convenciones son añadidos importantes, no sólo para el producto específico, sino para el género en general y que contribuyen lo suficiente para darle toques novedosos sin afectar el corazón básico e indispensable para lograr ser recibida lo suficiente en el anaquel Mahou Shoujo: Ladybug aún tiene una transformación glamorosa, un compañero mágico adorable y sus poderes, en toda regla, son más mágicos que tecnológicos, no tocando aún enteramente las convenciones de la ciencia ficción, en un híbrido entre ambos géneros.

¿Qué es entonces Ladybug? ¿Superhéroe o niña mágica? Ella es ambos a la vez, razón por la que su existencia es importante para ambos géneros y la forma en que se integran.
Esta cruza de géneros no sólo es atípica para la historia del Mahou Shoujo, sino que ataca directamente la ideología purista de que el género debe ser siempre bajo el escrutinio del modo japonés y le quita el tope a la puerta para hacer el camino adecuado a un futuro global en que los géneros puedan recibir elementos de diferentes vertientes, sin ser desvirtuados por una contaminación (o, mejor dicho, conquista) cultural.
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Ladybug está acompañada en su misión por un compañero más bien hilarante llamado: Cat Noir, un segundo protagonista con una preponderancia importante en el relato (además su nombre está en el título).
La fachada de Cat Noir es aún más “occidentalizada” que Ladybug. El traje de neopreno, el humor pícaro y las habilidades marciales pueden ser engañosas a primera vista y dejarse ver como parte de la regla común del superhéroe occidental, pareciéndose más a Spiderman que a Sakura Kinomoto. Sin embargo, Cat Noir tiene un par de elementos importantes y que siguen siendo clave para el género Mahou Shoujo: él también tiene una transformación mágica glamorosa y sus poderes vienen también de la misma fuente mágica que los de Ladybug.
Cat Noir no es ciertamente la primera aparición de un concepto cercano al Mahou Shonen en la modernidad globalizada, incluso hay un anime entero dedicado al concepto (Cute High School Earth Defense Club Love!), pero es el primer abordaje que se hace bajo los siguientes parámetros:
Los acercamientos que han existido a la introducción de un elemento Mahou Shonen dentro del género siempre han recurrido a una perspectiva alienante de lo masculino (entendido siempre desde el modelo hegemónico) que tiende bastante hacia el polo femenino, no definiendo al hombre a través de la otredad común, sino como un elemento subordinado a lo femenino. Consideremos, antes de avanzar, el sesgo claro de que este género nace fundamentalmente de los productos japoneses para demografía femenina.

Personajes como LaPuccelle en Magical Girls Raising Projects, los Battle Lovers de Cute High School Earth Defense Club) e incluso Ayumu Aikawa de Kore wa Zombie Desu ka son formas de introducir un elemento masculino al género. Sin embargo, en todos estos casos no hay una verdadera integración entre lo innato femenino del género y la representación masculina del personaje. Claro está que los elementos mágicos no son exclusivos de una representación femenina, pero acotándolo al tema en curso, son estos elementos mágicos parte de las convenciones del género Mahou Shoujo y, por lo tanto, suelen estar cargados de una codificación más femenina porque el hombre no ha tenido el permiso del empoderamiento mágico sino es a través de lo femenino.
Estos acercamientos del hombre como recipiente de las convenciones generales del género vienen siempre acompañados por una feminización para fines irónicos. Si bien, más allá de un acto sexista, es un recurso para exponer una parodia, esta acotación también demuestra, quizá de forma tácita, como el Mahou Shoujo sigue limitado a lo que se considera (según la ideología hegemónica) femenino, así limitando el género siempre a tutús rosas y armas con corazones mágicos, segregando, ya sea por demografía o por convención, lo masculino como algo inexistente y que llega sólo a través de lo cómico, la transexualidad o la eliminación de todo acto de género normalizado, incluso en productos como Shugo Chara, que sería una primera visión, en la corriente tradicional, del Mahō Shonen con «Platinum Royale».
En Miraculous, Cat Noir cumple una función protagónica y es, en total esencia, un agente mágico de justicia en una relación de iguales con Ladybug (él no es su patiño, es un compañero de mismo nivel). Cat Noir posee poderes mágicos, un compañero kawaii y tiene su propia transformación mágica sin comprometer su identidad de género o su sexo y, a la vez, abriendo un espacio para una figura heroica mágica que no requiera diluir a montones su propia masculinidad (nuevamente, entendida esta bajo la norma hegemónica). Con esto, Miraculous logra abrir un apartado importante que no se había tocado antes en el anime oriental: la integración orgánica de lo masculino en el género y el primer Mahou Shonen en toda regla.
Miraculous sigue las normales convencionales en muchos aspectos y transgrede estas normas en algunos otros, pero es un producto significativo que representa no sólo los modos de la nueva ola del género post Madoka Magica, sino que además es testigo de la apropiación cultural que viene para el futuro del género.

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